sábado, 10 de abril de 2010

ESTACA DE BARES.


El faro. No tengo ni idea de porqué me entusiasman los faros, no me viene de herencia familiar la pasión por estas altas torres que iluminan la noche a orillas del mar. Me fascinan por sus ubicaciones privilegiadas, por la soledad que les rodea y por su misión. Los faros me inspiran. Me gustan tanto que tengo localizados un montón de faros en Europa donde poder pasar las vacaciones. ¿Imaginais semejante privilegio?. Estas torres peculiares situadas en lugares extraños que iluminan el camino a los barcos en las costas del mundo, me cuentan historias a gritos de vidas solitarias de lobos de mar.
Este faro de la Estaca de Bares se encuentra a 101 metros de altura y en la entrada de la Ría do Barqueiro. Es el último faro de la costa coruñesa septentrional y está emplazado en una meseta llamada Ventureiro. Su torre tiene una altura de 33 metros y funciona desde el año 1850.
La visita al faro fue difícil, el viento y la lluvia, literalmente, azotaban nuestros rostros, y bajar hasta la orilla del acantilado con semejantes golpes huracanados nos pareció, en un momento dado, peligroso, así que dimos la vuelta y empapados regresamos en busca de refugio, sin fotos, pero con el recuerdo repleto de imágenes increibles de las olas chocando con fuerza descomunal en las rocas que rodean el acantilado.

Subimos a lo alto, al lugar donde antiguamente existía un mirador llamado Semáforo de la marina y donde en la actualidad hay ubicado un precioso hotel de esos ideales para olvidarse del resto del mundo. Las vistas desde allá arriba no tienen desperdicio. Estaca de Bares es el punto más septentrional de la península ibérica y me apetecía especialmente la visita, porque recuerdo que era mi lugar preferido, el que antes me aprendía en la clase de geografía, cuando nos daban un mapa en blanco y teníamos que rellenarlo, era respuesta correcta siempre.

La Estaca de Bares es la divisoria geográfica entre el océano Atlántico y el mar Cantábrico. Centré mis sentidos en el más mínimo de los movimientos del mar, ya que es un lugar por donde pasan algunas rutas migratorias de especies marinas y terrestres. No hubo suerte, confieso que me hubiera encantado, más bien hubiera dado gritos de emoción si hubiera tenido la fortuna de ver belugas o delfines dando saltos, felices y libres, viajando en busca de nuevos destinos.

El alcatraz común o el halcón peregrino también suelen pasearse por este rincón gallego, admirando desde el cielo la belleza de un paisaje solitario donde encuentran, sin duda alguna, maravillas que no pueden ofrecer los suelos asfaltados de las ciudades.

2 comentarios:

fermin dijo...

Preciosa la nueva entrega. Aunque a mi el mar me intimida, visto desde el faro siempre es fascinante.
Por cierto, mi norte de origen esta un poquito mas a la derecha de galicia. Cantabria es mi "tierruca".

Lorena dijo...

Fermín: Es que esto va por fascículos, jajajaja, pero me gusta escribirlo todo para después recordar las pequeñas cosas y sensaciones que el tiempo se encarga de borrar de la memoria con facilidad. También una tierra preciosa Cantabria. Un abrazo!
Pd:Hombre del norte.