
Un sueño extraño, un sueño raro, me ha transportado al pasado, a los años de instituto, años que pasaron lentos y que con la distancia parecen veloces. No fue la mejor época de mi vida aquella, para nada, porque tenía momentos de contradicción, porque vivía pensando más en el futuro que en el presente, porque me buscaba y no me encontraba, porque me sentía perdida en ocasiones y no acababa de encontrar mi hueco en el mundo. Ahora, tras el sueño de la noche pasada en el que he vuelto a rememorar la transición de niña a mujer. Ahora que muchas dudas se han despejado, que vivo en la estabilidad, que soy yo misma y que ya me he encontrado, que sé lo que no quiero, que no es poco, y a veces, hasta sé lo que quiero. Ahora es cuando viene este sueño nocturno a moverme las teclas más enrevesadas del alma, a traerme un poco de nostalgia, un sentimiento que odio sentir, a ponerme en el recuerdo a personas que tenía olvidadas, que un día aparecieron en mis diarios, algunas no están ya en este mundo, otras no están ya en mi rutina. Un sueño cargado de misterios que pone en alerta a las zonas de la mente que andan oscuras, empolvadas, protegidas con una sábana blanca y escondidas en el trastero de lo inútil, de lo que no sucedió, porque si hubiera sucedido hoy yo, no sería yo.
No termina aquí la prolongación del sueño, sino que, casualidades de la vida, me he tropezado con fotos antiguas de esas que nunca se tienen fuerzas para hacer desaparecer y tampoco tiene sentido conservarlas, y sigue la cosa, porque hoy, de repente, suena en mi cabeza una canción que no recordaba que existía, pero que cantaba con el sentimiento desgarrado cuando un chico se cruzó en mi camino para señalizarlo un par de años, quizás más. Un chico que marcó los pasos, las emociones contenidas en mi corazón, que nunca supo que le seguía con la mirada, que nunca supo que hacía temblar mis piernas con su sola presencia, que nunca supo que escribía historias que él protagonizaba, que me lo sabía de memoria y no me cansaba, que tenía su foto en la cabecera de mi cama para ser mi último y primer pensamiento de cada día, que nunca supo que agitaba mis alas para hacerme volar, que me llenaba el pensamiento de poemas, que hacía que gastara la tinta de los bolis a velocidad vertiginosa y que convertía mis conversaciones en tediosos monotemas. No os penseis que era un chico cualquiera, no, tenía una tremenda personalidad, con un peculiar aspecto exterior que marcaba la diferencia. Lo mismo se ponía una zapatilla de cada color que te aparecía con una trenza, un pirri o dos coletas, era un chico de muchos colores, bastante singular el tipo, por eso me gustó, no era común ni aburrido, ni tampoco era de mi mundo, aunque hoy diría que tenemos bastantes similitudes. Ya lo dijo alguien alguna vez, enamorarse es creerse que hay alguien en el mundo diferente a todos los demás, y en aquel entonces me lo creí, no había nadie con aquella sonrisa, salvo él.
¿Y a qué santo vengo yo a soñar con aquel primer amor que nunca se materializó?, ¿y a qué santo vengo yo a soñar con personas con las que no intercambié ni media palabra?, porque de estas también he tenido unas cuantas en el sueño, ¿y a qué santo vuelvo a ver aquellas caras que ya no están en mi vida ni falta que me hacen?. Los que se piraron bien pirados están, los que se quedaron son los mejores, todo pasa por algo, aunque cuando pase no podamos comprenderlo.
Tras aquellos años de incertidumbre, ahora comprendo todo gracias a que el tiempo pasó y me ha puesto en el lugar donde estoy, generoso, regalándome una vida tan bonita..., mucho más hermosa de lo que nunca pude imaginar, ni siquiera con aquel chico interesante de las greñas que me hizo perder tantas horas soñando despierta, cosa que le agradezco porque la existencia se hizo mucho más llevadera en la oscuridad de lo incierto.
Curiosos los sueños que escarban en los secretos, curiosa la vida que te guía, que te empuja por otros derroteros inesperados, afortunadamente, porque eso la hace si cabe más emocionante. Y tras el sueño inquietante que despierta las imágenes olvidadas, me he despertado con mal rollo porque lo de atrás no me interesa recordarlo, pero profundamente agradecida por tener esa referencia para poder comparar, profundamente agradecida por mi hoy, por mi Pedro que llegó a volcarme del revés y a ponerme las alitas de la felicidad, por mis caras nuevas de ahora y por las que se mantienen pase lo que pase, definitivamente, no volvería atrás porque significaría quedarme sin todos estos tesoros que me rodean en el presente, maravilloso el ahora, que alivio al despertar.