martes, 27 de julio de 2010

VOLAR.


Este año ya me lo había organizado yo de maravilla para no tener que subir a un trasto como este que veis en la foto, sin embargo, lo que pasa siempre, el azar, el destino, la no casualidad, lo que sea que nos lleva y nos trae por los senderos de la vida, dió un vuelco a todo, y la semana pasada regresé a los cielos, aunque suene raro, pero estar sobre las nubes es estar lo más cerca que se puede estar del cielo, ¿o no?.
A este viaje iban mis padres con sus nietos, pero mi sobrino no quería de ninguna manera subir al avión, así que supongo que podeis adivinar quien fue la suplente, yo misma. Mi Pedro se negó en rotundo a saltarse su norma de coger sólo un avión al año, y se quedó en tierra esperando mi regreso. Eso me gusta, que me espere, de vez en cuando no viene mal.
De nuevo me vi envuelta en la vorágine que trae un viaje. Llenando la maleta de "por si acasos". Esa es la parte que más me gusta de moverme por el mundo, llevar la vida en un trocito de plástico duro con ruedas, y darme cuenta, de que encima me sobran la mitad de las cosas. Puedo vivir con poquísimo, porque realmente no es necesario.
Y llegó el momento avión, momento que me transforma en un manojo de nervios contenidos que se manifiestan en dolores de cabeza y tensión en las cervicales. La inseguridad se aloja en cada rincón de mi existencia y de golpe y porrazo empiezo a hacer tonterías porque me vuelvo super supersticiosa. Tonterías como, "no me pongo color negro porque seguro que no trae nada bueno", o "no me cambio los pendientes porque siempre llevo estos y me va muy bien", así hasta que toco de nuevo suelo y entonces me la trae al pairo todo, los colores, los pendientes, etc...jajajajaja, esto es alguna tuerca suelta, pero está así la cosa.
En vuelo, la azafata es examinada con lupa. Si está en marcha va bien todo, si se sienta, se me pone el corazón del revés, si hay una turbulencia me viene a la cabeza el libro que leí para perder el miedo a volar donde un piloto explicaba que la turbulencia más grande que existe el avión la puede soportar siete veces más. Definitivamente, volar no es mi medio, en todo caso, prefiero hacerlo con los pies en el suelo, pero eso de que la mente se me vaya por los cerros de Úbeda sin control y que se me corte la respiración con cada ruidito extraño, no es plan, así que para los próximos seguiré con la costumbre de meterme una pastilla que me deje grogui y santas pascuas.
Yo no tengo nada claro eso que dicen por ahí de que si se cae el avión ni te enteras. ¡Anda que no!, menudo minuto más largo tiene que ser ese momento de irte para abajo. Mejor no experimentarlo jamás.
Mañana os cuento algo del viaje pero sin daros demasiado la lata, que este viaje no ha sido como esos que hago yo al mundo de los bichitos, he estado más en asfalto y de turisteo que otra cosa, disfrutando, eso sí, mucho de este regalo, de mis padres, de mi sobrina, ¡y de mí misma!.

Foto: Aquí.

5 comentarios:

Mayte dijo...

Ays...si es que los miedos se crían solos, pero como te dije "eres valiente pq te enfrentas a ellos y no dejas que te limiten tus actividades (ya sean viajes de turista con calcetín y chanchas, o o de aventurero entre bichejos)".

Besirrinines y a enhorabuena por ese paseo por las nubes;)

Lorena dijo...

Mayte: El miedo es libre. Valiente, no sé, no creo. Eso que dicen los psicólogos de que hay que enfretarse a lo que temes para superarlo, ¡ja!, cada vez es peor, jajajajaja. Un beset bonica!!, gracias por la visita.

Marisol dijo...

Naaaaada...cuando quiten a los controladores aereos y pongan a militares españoles de origen ecuatoriano o de cualquier otro país con tradición en ser controladores aereos sin estudiar al mando se te irá el miedo!

Beseteeees

Lorena dijo...

Marisol: Ese era uno de los motivos principales por los que no quería pisar dentro de un avión. Escribiré pronto un post sobre esto, los controladores tienen todo mi apoyo. Besets bonica!

Lorena dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.