Sigo mi camino, disfrutando del contraste, del frío sobre la cara, que me transporta con los recuerdos a Laponia. Me viene a la memoria el sonido de mis pies hundiéndose en la nieve, ese crujido tan especial que no sólo se oye, sino que se siente, que rompe el silencio que rodea las calles cuando cae la noche. Echo de menos los momentos en los que me tiritaban hasta las pestañas. También siento morriña del placer que me aportaban los contrastes bruscos de temperatura, cuando entraba a tomar algo calentito en un lugar e iba despojándome de los kilos de ropa que llevaba encima. Abrazaba con las manos una taza caliente y encontraba en ese gesto un gran simbolismo, porque ese objeto concentraba toda mi atención, se convertía en un mundo dentro de mi mundo, una simple taza era algo importante, te aportaba una sensación agradable, calidez, un atisbo de lo más parecido al sabor de un hogar cuando estás en tránsito y lejos de casa.
Cuando llueve es una delicia, entonces me vienen a la cabeza los adoquines de asfalto gris, siempre mojados, cuadrados, pequeñitos, que en su unión forman las aceras, junto a los que se encuentran los largos e interminables carriles bicis que recorren toda la ciudad de Copenhagen. Me acuerdo de la gente en su ir y venir, con un frio del carajo, nevando o lloviendo, y tan panchos, pedaleando.
Por las mañanas, me siento un poco nórdica, disfruto de esa soledad, de la temperatura, hasta del tiempo cuando a los demás les parece malo y a mi me encanta porque estoy en mi salsa. Hoy os dejo un video que descubrí en el blog La Vida es Silbar, y que me trae muchos recuerdos de experiencias inolvidables por las tierras del norte. Espero que lo disfruteis tanto como yo.
Copenhagen January Cycling - Your Country from Copenhagenize on Vimeo.























