
Tengo una capacidad fantástica para volar sin despegar los pies del suelo.
Hace unos cuantos años, estaba viendo un documental sobre Félix Rodríguez de la Fuente y, en un momento dado, él contaba que cuando estudiaba en la universidad, volvía mentalmente a Poza de la Sal, es decir, visitaba su pueblo y grababa momentos concretos, conscientemente, para después poder regresar a ese lugar tan sólo con el recuerdo.

Cuando viajo, me paro siempre en algún punto, a veces aleatorio, a veces no, para grabar el momento y después regresar. De cada rincón del mundo por el que he pasado, me he traido algo. Por ejemplo, de mi último viaje a Laponia volví con el recuerdo de una noche, junto al río Kemijoki comenzando a congelarse y produciendo sonidos increibles, cuando el agua empezaba a concentrarse en la orilla del mismo. Pedro y yo solos, enmedio de una calle de Rovaniemi completamente vacía y mal iluminada, a -20 grados de temperatura, escuchando el río helarse a nuestras espaldas, y mirando el cielo en busca de la aurora boreal. A veces, regreso, y puedo sentir las mismas sensaciones indescriptibles de aquel momento.

Todas estas fotos son de Dinamarca. Las he escogido porque es un viaje del que apenas hablé en su momento, pero no por ello fue menos intenso.
Ayer regresé allí. Pude sentir la caricia helada del viento, escuchar el sonido particular de mis botas hundiéndose en la nieve, agradecer un rayo de sol, volver a disfrutar de las risas infantiles de los niños que se lanzaban colina abajo con sus trineos...

Me di una vuelta por Dragor, por Hillerod y por Copenhagen.

Visité el mercado navideño del Tivoli, disfruté de su espectáculo diario de fuegos artificiales y me comí unas deliciosas muffins de chocolate.

En Hillerod, paseé por los pasillos largos e interminables del castillo, volví a poner especial cuidado en cada paso indiscreto, por el sonido de la madera vieja crujiendo bajo nuestros pies.
Volví a rememorar el paseo junto al embarcadero, con los patos y las gaviotas adoptando posturas descaradas, solicitando, supongo, algún alimento fácil para hacer frente al frío.

Me detuve a contemplar a la gente desplazándose en bici, a pesar del palmo de nieve y del viento helado. Me vinieron a la cabeza los ojos escandalizados de las personas que se hacen cruces porque caen cuatro gotas y sigo pedaleando. A los que no salen de casa por si los niños cogen frío y me amenazan siempre con la misma frase que, además, me deja sin defensas porque diga lo que diga, y piense lo que piense, siempre alegan que no soy madre: "cuando tengas niños ya verás como no vas a sitios fríos para que no se pongan malos, ni harás viajes, ni escribirás en el blog...", sentencian que se me acaba la vida, y entonces, recuerdo, cómo en los países nórdicos, dejan a los niños durmiendo en el exterior, y también me acuerdo de Naim, viviendo dos de sus tres años en Alaska, el segundo lugar más virgen de este planeta, viajando por el mundo a temprana edad, y es uno de los niños más especiales y más felices que he conocido en toda mi vida. Me acuerdo de Nuria y Nicolás, una maravilla de niños, viviendo la vida, escalando paredes, durmiendo en la tienda de campaña montada en la terraza un día de lluvia...¿será eso, entonces, que hay tipos de padres?, ¿también hay tipos de hijos?, ¿mentalidades diferentes e igualmente válidas?, no, no están bien las generalizaciones, ni las frases sentenciadoras, ni veo que la vida se termine por ser padre o madre, al revés, es un buen motivo para comenzar a vivir de otro modo, se tiene un motivo de peso para salir mucho más. No sé muy bien qué pensar, quizás que vivo en un país con la cultura de la comodidad muy arraigada, un país demasiado protector, demasiado cómodo, como dice Pedro Cavadas: "no te caigas, no te mojes, no pases frío, no pases sueño, ten cuidado"...y si les haces caso, te cortan las alas, no te dejan experimentar sensaciones, no te dejan crecer.

Y hablando de hijos, me dice una persona que los viajes largos en avión se acaban, que es una locura, y le pregunto: "¿entonces?, ¿cómo sugieres que traiga una criatura desde China?", porque si todo va bien, puede que mi hijo/a venga de allí, y me contesta: "eso es diferente", ?????????????...
Volviendo a los recuerdos..., me viene a la cabeza Dragor, el olor a mar, el viento despiadado, la ceguera al andar, las piernas hundiéndose en la nieve, la caida en un agujero oculto, enterrado..., Pedro estirando de mis brazos mientras yo estaba con un ataque de risa que me dejaba floja...

Las casas con sus pequeñas casitas de madera en la puerta, invitando a los pájaros a acomodarse en las mismas. Las ventanas sin persianas repletas de adornos de navidad...

Los trenes sólo para bicis y carritos de bebés, la pista de patinaje, las casas de colores...

Y, la verdad, vuelvo allí y, pese al frío, pese a la vida más casera acondicionada por el clima, pese a la oscuridad a horas tempranas, pese a la dificultad de la nieve amontonada, pese a la incomodidad de ir vestida como michelín y parecer tres veces más gorda...no sé muy bien porqué, me quedaría, porque en todas esas cosas siento la vida más al límite, más intensamente vivida, con los maravillosos contrastes que te recuerdan que el corazón late, con el frío que te deja medio paralizada y el calor que te abraza, se intensifica todo, todo se vuelve más intenso, y eso es vivir sintiéndose vivido...
Pd: Paula, disfrútalo!!!













