viernes, 24 de septiembre de 2010

PUEBLOS VARIOS PALENTINOS.


Cuando las tempestades pasan y sobrevives a ellas, sales fortalecido y llega la serenidad. Cuando eso sucede, cuando se superan los obstáculos, encuentras que algo en ti cambia, que no ha sido en vano porque has aprendido lecciones que te han hecho crecer. Pasados los duelos todo se coloca en su sitio y entonces se vuelve a ver el mundo de colores, se abren los sentidos a la vida, y se disfruta al máximo el hoy. ¡Carpe diem!.

Porquera de los Infantes,es un pueblecito con un encanto peculiar que resulta de la combinación de sus casas medio abandonadas, algunas semiderruidas, conjuntadas con otras meticulosamente adornadas con flores y pintadas con mimo. Las casas más viejas, van perdiendo parte de sus fachadas pero parecen resistirse a desaparecer. Envueltas de silencio, guardan entre sus paredes los secretos de otras vidas de antaño, muchas lluvias, muchos soles, muchas penas y muchos amores. Las cosas que suceden entre las paredes quedan registradas y es fácil dar rienda suelta a la imaginación.
Su iglesia de Santa María es gótica. Me pareció muy romántica, muy especial, aunque no fue ella precisamente nuestro motivo principal para llegar hasta este pequeño pueblecito.

La provincia de Palencia nos dejó impresionados por la cantidad de lugares para visitar que contiene. Cosas muy curiosas y, a veces, si se leen mal los folletos que te proporcionan en las casas rurales, puedes terminar buscando cosas que no existen y que suenan un poco raro. En nuestro caso, sucedió que Pedro creyó leer que en Porquera de los infantes había una piedra con huellas fosilizadas de primates. ¿Cómo llegó a esta conclusión?, no soy capaz de entenderlo.

El caso es que, en la plaza, nos encontramos con un lugareño avispado que nos dió conversación, supongo que con el fin de averiguar que hacía aquella pareja en aquel pueblecito donde la carretera termina y hay que ir adrede. Le contamos que habíamos ido a ver las huellas de los primates, y puso cara de pocker: "¿Y eso está aquí?, "pos" mirarlo bien porque aquí lo que hay es una necrópolis, pero eso de las huellas de los gorilas no lo he oído en la vida". Pensar que hubiera gorilas en Palencia da risa, pero otro tipo de primates no lo veo yo tan descabellado...

El lugareño tenía más razón que un santo y no sé de donde se sacó mi Pedro lo de las huellas, porque confundir un camposanto con unos pies fosilizados...
La necrópolis se encuentra en la entrada del pueblo, casi a orilla de la carretera, totalmente descubierta, sin protección alguna, que digo yo que es una pena que estas cosas no se cuiden más.
Resulta que en la Edad Media, la muerte era algo habitual. Muerte, iglesia, cementerio. Esta Necrópolis de Porquera de los Infantes, es de caracter rupestre, son tumbas excavadas en la roca con forma antropomorfa. Metían al muerto en una especie de sudario, lo introducían en la sepultura, y lo tapaban con tierra o piedras. A veces, enterraban familias enteras en la misma roca como si fuera un panteón. Todos estos enterramientos tuvieron lugar entre los siglos VIII y XI. La verdad es que fue muy interesante ver este peculiar cementerio.

En la fuente de la plaza que se encuentra en la entrada del pueblo.

Este es el Mirador de Valcavado. Allí termina la carretera y se llega al borde de un precipicio. No es apto para personas con vértigo porque hay zonas donde se pisa un suelo en el que se puede apreciar el abismo bajo tus pies. Superé mi terror a las alturas y fui capaz de hacerme la foto que veis arriba. Está situado en el término municipal de Pomar de Valdivia, dentro del Espacio Natural de Covalagua. Es un impresionante balcón natural sobre el hayedo de “Monte Ahedo”, desde donde se pueden divisar hasta 21 pueblos.

Abajo, llegada a San Cebrián de Mudá.

Abajo, podeis ver la Iglesia de San Cornelio y San Cipriano en San Cebrián de Mudá. Esta iglesia perteneció al antiguo monasterio de Aguilar, del Siglo XIII.

Nuestra llegada a Palencia solo tuvo un objetivo, aunque luego, nos encontramos con una provincia asombrosa, llena de contenido, pero nuestro motivo para ir hasta este lugar, no era otro que visitar San Cebrián de Mudá. En este pueblo, el alcalde, después de muchos años de trabajo, ha conseguido reintroducir el bisonte. En la actualidad hay ocho porque uno ha nacido por sorpresa, el primer bisonte español que tenemos desde hace mil años, que fue cuando desaparecieron en nuestro país, ¿no es motivo de celebración?. Los otros siete los trajeron de Polonia. El centro de interpretación aún no estaba abierto, y después de esperar pacientemente dos horas, los únicos bisontes que vimos fueron los de las fotos que rodean el recinto, un chasco.


Volveremos a Palencia, y volveremos con los Ardorines, aunque ellos no lo saben, ni nosotros sabemos que piensan de esto, pero son muy fáciles de convencer. Eso sí, que piensen en hacer marcha en San Cebrián de Mudá, porque cuando vuelva, no pienso moverme hasta que vea los bisontes.

Por último, visitamos Barruelo de Santullán, donde hay una mina en la que puedes entrar, y quien la ha visitado se hace una idea del trabajo duro del minero. Nosotros no llegamos a tiempo por diez minutos y terminamos en el museo de Herminio Revilla, un electricista y un artista. Su mujer nos explicó todas las maravillas que este señor ha hecho con sus manos, todas con sentido, todas con un trabajo increible, sacando del corazón de la madera de un árbol muerto, una figura, la que latía en el interior. Lo recomiendo a quien visite este lugar.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

REVILLA DE POMAR (PALENCIA).


El duelo tiene que pasar. Cuando llega te paraliza, después te preguntas mil veces porqué. En mi caso, cuando me pregunto porqué, añado a continuación el ¿por qué no?. ¿Por qué no me tiene que pasar a mi, algo que le puede pasar a cualquiera?. Cuando llegan las preguntas y los porqueses, no obtienes respuestas. Las respuestas llegarán al final de un largo camino que tienes que recorrer para comprender que tenía que ser así, sin más. Todo pasa. Pasa de verdad. La vida no tiene marcha atrás ni se vuelve a repetir, así que, tras el duelo hay que reponerse, levantarse y continuar.
Hace 6000 años, los hombres del neolítico, colocaron este menhir, en este lugar, y aún permanece allí, a merced del viento, en el páramo. Cuando me coloqué junto al menhir, me pareció estar enmedio de la diana, en un punto estratégico, en el punto de mira, vulnerable, expuesta, y todas esas sensaciones las dejé allí, porque si un trozo de piedra ha resistido todas las tempestades del mundo, nosotros seguro que podemos soportar las tormentas que caigan sobre nuestras cabezas. ¿Vosotros sois conscientes de lo que significa permanecer 6000 años en pie?. Alrededor del menhir, hay un círculo hecho con piedras, no sé que podría significar para ellos todo esto, pero me gustaría saberlo. Tiene una orientación concreta, podría ser que lo que pretendieran hacer fuera un culto al sol, a los muertos, a la lluvia, o a los astros. Puede que fuera un modo de afrontar el duelo por la pérdida de alguien o de algo, porque los duelos no siempre se relacionan con la muerte, hay muchas clases de duelo. El caso es que allí está este monumento a no se sabe qué, enmedio del páramo, y ha resistido intacto todo este tiempo.

Yo no sigo intacta porque la vida te moldea, pero sigo en pie, como el menhir, hasta que vuelva a caer, una de cal y otra de arena, porque esto funciona así. Allá en el páramo, un lugar árido, que parece muerto porque no alberga la vida de ningún árbol, comprendí que todo es como lo mires, unos verán la botella medio llena y otros medio vacía, yo apuesto por todo lo positivo, por el cambio a mejor, por la superación personal.

En el páramo, una no sólo puede encontrarse de golpe consigo misma, con cosas invisibles que aunque no se vean están, también encuentra cosas perceptibles a simple vista y nosotros encontramos la antigua entrada de la cueva de los franceses. Entrada que un día clausuraron sin tener el detalle de pensar en los murciélagos que vivían en su interior, que quedaron atrapados y supongo que morirían de hambre, según nos explicaron. La cueva se puede visitar, es una preciosidad, aunque a mi no me gusta demasiado que estos sitios se abran al público, pero si no se abren, tampoco podríamos apreciar lo que esconden las entrañas de la tierra. Así que, quizás sea bueno que haya algunas abiertas y otras se protejan y sólo puedan visitarse por expertos que necesiten estudiarlas.
Esta cueva, recibe este nombre porque en el interior encontraron restos humanos que se supone que pertenecían a los soldados de las tropas napoleónicas, muertos en el campo de batalla, y que eran arrojados al interior de la cueva tras la muerte.
El tiempo pasará, nosotros nos iremos, la cueva permanecerá, y cuando pasen no sé cuantísimos miles de años, se abrirá al exterior y quedará expuesta, la cueva dejará de ser cueva y formará parte del páramo.

Nuestro alojamiento se encontraba en un pequeñísimo pueblo llamado Revilla de Pomar. Allí, cada atardecer, Pedro y yo, mano a mano, nos íbamos a ver la puesta de sol que era impresionante. En una de estas puestas, conocimos a Vicencio y Pili, a quienes mandamos un saludo muy especial y queremos dar las gracias por abrirnos la puerta de su casa y de su mundo, que efectivamente, es un pañuelo, porque charlando, charlando, resulta que Pili es del pueblo de los tíos de Pedro, y bueno, que se conocen entre ellos, y nosotros entre nosotros, y si hubieran tenido facebook seguro que los tendríamos de amigos comunes.

La vida y la muerte. Esta foto del cementerio con un parque de juegos delante de sus puertas, me hizo recordar lo inseparables que son estos términos, que van completamente unidos, como la luz a la oscuridad. Como las etapas que pasamos que van encadenadas.

Esta foto la he sacado del Blog de la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente, podeis leer el artículo Aquí. La he puesto aquí porque Palencia es tierra de lobos, y en el pozo de los lobos se acumulaban los cadaveres de los que mataban en las batidas, donde además, no participar estaba penado por la ley, vamos, que era tarea obligatoria. Por desgracia, y en la foto lo podeis ver, las cosas no han cambiado tanto. Me parece lamentable que esto se siga permitiendo, que sigan cayendo lobos en manos de furtivos, la verdad es que me duele el alma de pensarlo, y eso también es un duelo, como tantos otros duelos que pellizcan el corazón.

martes, 21 de septiembre de 2010

SALAMANCA.


Decía John Lennon que: "La vida es aquello que te va sucediendo mientras estás ocupado haciendo otros planes", también decía: "Vivir es fácil con los ojos cerrados". Decía muchas cosas que podían parecer sólo palabras, pero en realidad era pura filosofía. Lamento profundamente que personas así, se vayan antes de tiempo, pero creo que, por desgracia, si no se hubiesen ido, no hubieran brillado del mismo modo, porque no se valora nada hasta que se pierde.

El caso es que salimos de Portugal y estaba pensando en todas las cosas interesantes que dijo John Lennon, pero, en concreto, en la frase de hacer planes, que es una verdad como un templo. Tendemos a organizar todo, a apuntar en una agenda las horas, los días, los momentos que ocupamos con reuniones, o citas médicas, o excursiones, todo planeado, dejando poco espacio a la improvisación. Y un buen día, abres los ojos de golpe, te das cuenta de que ese ritmo no es el adecuado, de que vas por delante pisando un terreno que todavía no existe y la vida se te escapa, mientras nosotros montamos castillos en el aire.

Dentro de la Catedral de Salamanca, el tiempo parece haberse detenido. Es fácil imaginar a los canteros dando forma a las piedras, subiéndolas a lo más alto con la fuerza de tropecientos hombres y una polea. Todo queda en suspenso. No necesitas saber la hora que es, porque eso pierde importancia en un lugar así. En mi caso, hace años que no llevo reloj, no quiero ser esclava del tiempo, ni quiero ver como pasa, pero sigo haciendo planes, y sigo en el engranaje voraz de una vida acelerada. Este viaje en ese sentido, ha cambiado de orden mis prioridades. Los masajistas, cuando me dejo caer en sus manos, dicen que no me relajo, que estoy en tensión, y es como para pararse a pensar en ello, porque ese es mi estado normal, del que no soy consciente porque estoy tan habituada a acelerar, que frenar de golpe seguro que es contraproducente.
Así que, aceptando que hay cosas que no puedo cambiar, y otras que sí que puedo, estoy trabajando en ello, dejando fluir mis sentidos, que no es nada fácil no establecer controles.

Perderse en Salamanca es un placer. Frené instintivamente, paseando sin rumbo fijo y disfrutando de todos esos edificios que han resistido el paso del tiempo de una manera admirable. Edificios de nobles que seguían los pasos de un rey itinerante, para estar cerca del poder, y conseguir con un peloteo prolongado más poder. Conseguí, mientras me recreaba en todas esas maravillas para la vista, no sentir la prisa, la prisa por vivir.

Y como todo hijo de vecino que llega a esta ciudad por primera vez, busqué la rana dichosa, que si eres estudiante y la encuentras sin ayuda de nadie, apruebas los exámenes, y si no eres estudiante, pero también la encuentras sin ayuda, entonces pides un deseo. En ello estaba, porque quería pedir mi deseo, lanzar un mensaje al universo a ver si llegaba a las estrellas y se hacía realidad, porque como os decía ayer, la fe mueve montañas, cuando un chico, supongo que con toda la buena intención del mundo, se acercó a mi para explicarme con todo lujo de detalles cómo llegar a la rana, así que la encontré, y gracias a que me lo chivaron, me quedé sin deseo.

lunes, 20 de septiembre de 2010

LA DESPEDIDA.


Dejamos Portugal en compañía de Henrique, que tuvo la amabilidad de abrirnos la puerta de su casa y nos dió de este modo la oportunidad de conocer a sus padres, que son personas estupendas, generosas, con las que mantuvimos una interesante conversación haciendo un popurri con ambos idiomas. Viven en una pequeña aldea, que según Henrique, que se ha criado en Paris, es el mejor sitio del mundo para vivir. Desde luego que, tranquilidad no les falta.

Tras la comida, Henrique nos llevó al centro de acogida donde trabaja como voluntario en su tiempo libre. Es un centro de menores, huérfanos algunos, de familias desestructuradas otros. Según Henrique, es más fácil trabajar con lobos que con estos chicos. Lo cierto es que, cuando él llegó, un grupo se acercó a rodearle, se notaba que es para ellos alguien especial. Me encontré enmedio de aquel patio de juegos, rodeada de estos chicos en cuyas miradas se escondían muchos sentimientos contradictorios. Se acercaban a nosotros con curiosidad. Entre ellos, hay establecidas alianzas más fuertes que las que pueda dar la sangre, se nota que se necesitan, que algunos forman equipo, que suplen la falta de cariño con su mutua compañía. Todos ellos víctimas, la mayoría de la mala cabeza de sus padres, otros de la mala suerte. Arrastran todo eso, cargan en la mochila con una dosis extra de dolor. Tienen derecho a ser rebeldes, a estar enfadados, a sentir ira. Tienen el derecho de poder llamar a papá y mamá, y obtener una respuesta. Lo tienen, y se lo han negado. Así que, enmedio de aquel patio de asfalto gris, de aquel lugar que para ellos es lo más parecido que tendrán en su vida a un hogar, me sentí perdida en la incompresión, tan perdida como ellos, porque hay cosas que escapan al entendimiento.

Después de esta visita, nos fuimos a una montaña llamada Caramulo, a oxigenarnos, que a mi, personalmente, me hacía falta. La cabeza debería tener un botón que poder apretar para pararla alguna vez, pero como no lo tiene, tenemos que confiar en su capacidad de resistencia, o aprender a desconectarla nosotros mismos. Para esto, es necesario un lugar como Caramulo, que aporte serenidad y nos engañe, nos desvie la atención de las cosas importantes a las banalidades, que es una técnica inconsciente de supervivencia.

Las vistas eran impresionantes allá en lo alto. Nos tomamos un tiempo para admirarlas, para disfrutar y sentir la respiración, porque olvidamos los movimientos mecánicos que realiza nuestro cuerpo, y es bueno dejarlos fluir siendo conscientes de ellos de vez en cuando, es una técnica de relajación fantástica.
Estaba allí arriba, junto a un enorme precipicio, con un ligero temblor de piernas en algunas zonas sin protecciones, y me di cuenta de que todo terminaba o continuaba, según como lo enfocara. Mi vida el último año ha sido un aprendizaje continuado, así que, cuando llegué al borde de aquel abismo entendí que no podía pensar en nada más que en que tengo que tomar la sartén por el mango y saltar, en sentido figurado, claro, y con paracaídas, pero a veces, no hay otro modo de avanzar. Cuando se acaba el camino, y se llega al vacío, no cabe la marcha atrás, ni tampoco que el miedo nos paralice, hay que armarse de valor y dar un paso hacia adelante, vencer los obstáculos, superar, aceptar y volar, para no quedarnos estancados, para no perder la fe.

Sin duda, no seríamos nada sin la fe. Una pone la suya donde le parece, otros en la religión, o en las personas, o en la creencia de que todo cambiará, o en el destino. Ponemos la fe en el futuro, sin ser conscientes de que no existe, de que se nos escapa el presente. La fe es el motor de la esperanza. La esperanza conduce a la ilusión, y la ilusión nos mantiene vivos. Sin fe, no hay nada, salvo un largo túnel oscuro en el que parece que jamás veremos brillar la luz del sol. Sin fe, nos encontramos ubicados en un laberinto, dando vueltas buscando una salida y sin ver más allá, sin ver los paisajes, sin prestar atención a lo que nos rodea, con una venda en los ojos que nos impide mirar y dos espadas cruzadas frente a nosotros para que nadie traspase el muro de nuestra soledad. Así que, cuando hay un pequeño amago de desilusión, es porque hay un principio de desesperanza, y por lo tanto una pérdida de fe. Allá arriba, tan cerca del cielo, del sol y de las nubes, decidí renovar mi alegría, reciclar mi fe, aferrarme fuerte a la vida, para que no se me escape el ahora, para que no se resbale la alegría y florezca la ilusión de un nuevo día.

domingo, 19 de septiembre de 2010

MAFRA.


El Palacio de Mafra es impresionante, sobre todo para personas que como a mi, les guste sumergirse en el pasado. Este palacio lo mandó construir el rey Joao V. Resulta, que este hombre hizo una promesa para que en su matrimonio con María Ana de Austria, tuvieran descendencia, y también para curarse de una enfermedad que padecía, total, cumplió el voto construyendo el palacio, ¡casi ná!, y ahora, este precioso palacio es el monumento más importante del barroco portugués.

Cuando estás llegando a Mafra, y desde bien lejos, ya se ve la cúpula de su basílica, de un blanco inmaculado, y con tropecientas mil ventanas. Virgilio me decía que tiene 365, una por cada día del año, pero según he podido leer tiene más de 4700 sumando puertas y ventanas, 1200 habitaciones, no entiendo muy bien para qué tantas, 156 escaleras y 29 patios, vamos, una chocita.

El palacio se divide en una parte para los frailes y otra para los señores reyes. En 1717 se empezó su construcción y fue el mismo Joao V el que lanzó la primera piedra debidamente bendecida por la máxima autoridad eclesiástica de la época. En marcha se pusieron las obras con más de 50000 obreros trabajando en ella.

El monarca encargó lo mejor de lo mejor, gracias al oro de Brasil, los mejores pintores, los mejores escultores, y los mejores carrillones de campanas, 92 en total, hechas en Flandes y que constituyen el mayor conjunto histórico del mundo.

Para llegar a la biblioteca, se atraviesan metros y metros de largos pasillos, rodeados de salas de todas las maneras, superbien conservadas, con todo lujo de detalles y que te mantienen la atención en alerta continuamente.
Después, al final del corredor, aparece esa maravillosa estancia, de donde yo no me hubiera ido nunca, porque, ¡me siento tan feliz rodeada de libros!. Allí hay cerca de 40000 obras del siglo XVIII.

Me explicó una mujer que vigilaba el recinto, porque está acordonado y nadie puede pasar, que no son libros, son volúmenes, es decir, cada tomo recoge varios libros en su interior. Esto lo hacían así para ahorrar en encuadernaciones.
En la biblioteca viven unos pequeños murciélagos que se encargan de comer las polillas que nacen de los libros, allí están, viviendo en un palacio rodeados de letras y comida, así que no pueden pedir más.

Los reyes pasaban cortas estancias en Palacio, ¡vaya caprichito!, y en 1807 a otro Joao, esta vez el VI, le dió por pasar un añito allí, antes de partir camino de Brasil, y aprovechando este tiempito a cuerpo de rey, nunca mejor dicho, para decorar o mejor, mandar decorar las estancias, con pinturas murales de mil formas distintas. Cuando la corte regresó de nuevo a Portugal, usaban el palacio para celebrar algunas fiestas o para pasar temporadas, sobre todo, porque cerca está Tapada y era un buen sitio para cazar.

Los aposentos reales.

La sala de música, y como esta hay tropecientas más, la de juegos, la de caza, la de reuniones, la de comer, la de fumarse un puro...

El salón del trono arriba, también está la sala de los rezos, la de vestirse, la de lavarse la cara, la de bailar, la de escribir...

La parte de los frailes, bastante mas sencilla, pero dentro del palacio igualmente. Lo que veis arriba es un hospital. Cada huequito a ambos lados del pasillo, son pequeñas habitaciones con su camita, su cristo presidiendo y su palancana.

La cocina, con toda su colección de cacerolas intacta. También había una zona de farmacia, donde algún fraile experto trabajaba con sumo cuidado el mezclado de las hierbas, una zona para los que tenían problemas mentales, una zona para los que tenían enfermedades contagiosas, en semejante palacio hay zonas para todo quisqui.

Después de una mañana entera, perdida en el pasado, imaginando la vida de otros que vivieron antaño, el ruido de las herraduras de los caballos al entrar a palacio, la complicada subida de las damas con sus largas faldas a las carrozas para dar un paseito al atardecer, la aguja en el pajar que debía suponer buscar al marido a lo largo de tropecientos corredores divididos en tres o cuatro pisos con miles de habitaciones, que cuando una iba seguro que el otro venía por un camino paralelo, salimos de allí todos más contentos que unas pascuas dispuestos a disfrutar de los colores de Mafra, un pequeño pueblo con mucha luz, que transmite alegría, vida a borbotones.
La imagen de arriba es del Parque que se encuentra unido al Palacio. Precioso, misterioso y repleto de aves exóticas que andan por allí sueltas al libre albedrío.

Arriba, la calle para los bomberos voluntarios, a quienes yo también hago mi pequeño homenaje porque con la cantidad de incendios que afectan cada año a Portugal, se juegan el tipo por salvar la vida de otros seres vivos.
Abajo, la entrada al mercado.

Os dejo un video de los aullidos del lobo, está tomado por Henrique, podeis ver a Prado,¡a disfrutarlo!.

sábado, 18 de septiembre de 2010

PRADO.


Hay personas que se cruzan en nuestro camino para abrirnos los ojos cuando empezamos a ver borroso. Virgilio es genial para pararte a pensar. El primer día que lo vi me hicieron gracia sus formas, su modo de quitar importancia a las cosas, con el tiempo sus ocurrencias, completamente auténticas, nos hacían recordarle con una sonrisa en los labios. Me gustaba sentarme a charlar junto a Virgilio, y eso dió lugar a momentos muy emotivos en los que los dos terminamos llorando, él recordando su vida pasada, y yo escuchando todas las barreras que ha conseguido saltar él solito. Su vida ha sido hiperdifícil, y ha superado obstáculos que otras personas jamás hubieran podido dejar atrás. No esconde sus sentimientos, algunos los lleva grabados en su cuerpo, algún tatuaje delata que salió ileso tras superar mil batallas, y que aprendió lecciones que han hecho de él la persona que es hoy. Así que, le dije que, cuando las cosas cambiaran de color en mi vida, pensaría en él, para recordar que todo pasa y que hay que resistir hasta el momento en que de nuevo todo de un vuelco en otra dirección.
Me llevo del Grupo Lobo a esta persona maravillosa, un hombre realmente especial, muy auténtico, sin dobleces, ni lados oscuros, de esos en lo que lo que ves, es lo que hay, que va a hacerme volver a escribir cartas de mi puño y letra, porque Virgilio de ordenadores...va a ser que no. Los ratos junto a él han sido muchos, nos ha hecho reir una barbaridad y ha dejado una huella en mi corazón para siempre. Sin duda, he aprendido más cosas de la vida y sobre todo de lo que se puede conseguir cuando se mantiene firme la fuerza de voluntad.

Prado fue un lobo alfa y sólo teneis que verlo, es un bellezón. Suele encabezar la lista del preferido, aunque en mi caso, para mí es más requeteguapo Sabor, sobre gustos, colores. Nació en el centro en 1996.
Mi primer recuerdo con Prado es su gruñido cuando me acerqué, me enseñó los dientes, porque en general no le gustan las chicas. Eso lo fuimos trabajando, hasta que conseguí sentarme a su lado y que tolerara mi presencia, al final, creo que ya le gustaba un poquito y todo.

Llegó el momento de la despedida y esta vez me costó. Dediqué el último día a deleitarme en la observación de las pequeñas cosas que me rodeaban, para tomar conciencia de que mi tiempo junto a los lobos estaba llegando a su fin. Me senté junto al territorio de Prado, esperando que la curiosidad le animara y se dejara ver, porque lo que está claro es que él me tenía controladísima, todos los lobos controlan absolutamente lo que sucede alrededor de su terreno.
Se puso a llover a cántaros, así que Pedro y yo nos pusimos chubasquero de cuerpo entero y salimos a dar un paseo, a perdernos entre robles y alcornoques, a despedirnos. Me gustó que lloviera el último día. De nuevo, Faia, que fue la primera loba que nos recibió, se convirtió en la última que nos despidió. Pasamos unos momentos junto a ella inolvidables, y con eso nos quedamos, fue un final perfecto.
Hasta aquí el paso por el centro de recuperación del lobo ibérico. El viaje continua, porque tratándose de un viaje homenaje a Félix, sólo puede terminar en un lugar que supongo sospechareis lo que sepais un poquito de él.
He aprendido que nos parecemos mucho a los lobos, quizás tanto, que a algunos eso, les asusta. He conocido a la loba que vive en mí, yo le digo a mi Pedro que soy una alfa, aunque también tengo algo de Omega, quizás ni una cosa, ni la otra, quizás estoy enmedio del escalafón y sea un Beta. El caso es que, una loba vive en mi, una loba que ha empezado a formar su manada, muy bien estructurada. He aprendido a aullar con cierto estilo, y como los indios amerindios, siento que los lobos son mis hermanos.
Voy a terminar el post con una frase que no recuerdo de quien es, así que espero que el autor me perdone:
"Espero que lleguemos a aceptar a los lobos por lo que son, en vez de temerles por lo que no son".
Pd: Post dedicado a Sibila y Remo.

jueves, 16 de septiembre de 2010

MINHO.


Hay viajes que te oxigenan, que te aportan todo el aire que parecían empezar a necesitar tus pulmones. Viajes, que te sirven para sacar conclusiones, te colocan en otra perspectiva y te ayudan a tomar decisiones importantes que cambiarán tu vida. Este viaje, este tiempo en el mundo de los lobos, los días viviendo en el bosque, me han ayudado enormemente a decidirme, a aceptar que las cosas pasan por algo, aunque no sea capaz de comprenderlas.
La naturaleza me ha regalado muchas cosas, de esas que no tienen precio, que no se ven, ni se tocan, pero se sienten y te transforman. En los silencios, he encontrado respuestas. Tengo que responder ante esto. Siento que debo devolver todo lo que me aporta, y no veo otro modo de hacerlo que empleando mi tiempo para cuidarla. Nos creemos dueños del mundo, y no somos más que una parte del todo.

Crecemos, cambiamos, las edades nos marcan, nos obligan a transformarnos, porque en teoría, ya no somos unos niños, pero la teoría es mentira, porque el niño que fuimos sigue aquí, en nuestro interior, aunque pretendamos olvidarlo, aunque lo queramos asfixiar. Le impedimos salir y jugamos a ser adultos, y en el juego arrastramos con nosotros todo lo malo, todos los miedos, todas las inseguridades, todos los dolores. Mentimos. Nos mentimos a nosotros mismos si no miramos de frente nuestros miedos. Tapamos con tiritas las heridas del alma, porque lo que no se ve, no existe, pero siguen estando ahí y dejan cicatrices. Damos consejos, los recibimos, y en el fondo, sentimos la soledad, porque nadie está en nuestro dolor, salvo nosotros mismos. Nadie en nuestras alegrías, salvo nuestro yo. A veces, nos rodean cientos de personas, y sin embargo, ninguna de ellas puede ponerse en tu piel, porque hay cosas que sólo puedes pasar tú, y barreras que tienes que saltar para avanzar. Tendrás seres queridos que te animarán, gritarán tu nombre y creerán ciegamente que eres capaz de hacerlo, pero cuando el obstáculo se presente, sólo tú estarás enfrente de él, y tendrás que correr para no quedarte atrás.
Y así fue como cogí carrerilla y me comí el mundo al atardecer.

En el centro te mantienen ocupada, eso es maravilloso para una cabeza agitada. Entre muchas otras tareas, me tocó pintar la cabaña, como a todos, por turnos. Claro que, ninguno dudaba de que era mejor pintar, que lijar. Si además, tienes cerca a Virgilio, entonces se convierte en la tarea más divertida del mundo. También se hacen otras cosas como reforestar.
Cuando Henrique no estaba, el tiempo libre se multiplicaba y podía ¡hasta sentarme a escribir!, y eso, se convierte en un lujo, porque en ocasiones, echaba de menos un respiro.
Podar los árboles, dar forma al bosque, mantenerlo limpio, era también una labor para prevenir incendios. Formé equipo con mi Pedro, que era el más feliz del mundo en este trabajo. Él podaba, yo amontonaba los restos y charlaba, sacando todo al exterior, para que los árboles absorbieran mi CO2 y me oxigenaran, para que mi cerebro quedara al exterior y no se ahogara. Así que, este viaje me ha ayudado mucho, como tantos otros, cada uno en un proceso diferente. Leer a Félix cada día, era pura filosofía, porque Félix no sólo era un maestro de la naturaleza, Félix era un maestro de la vida, un claro ejemplo a seguir, con unos valores, con un modo de enfocar las cosas, que me ayudaba a ver con claridad, ¡nunca se lo agradeceré lo suficiente!.

Al llegar la noche, no podía evitar sentarme en la terraza para ver esconderse al sol. Después, hacía acto de presencia la luna y las estrellas. Se escuchaba el canto nocturno de una grulla, y en ocasiones muy contadas, los lobos. Cuando se oían los aullidos, era automático, todos los voluntarios salíamos corriendo a escucharlos. Hipnotizados nos dejaban.
Estos atardeceres eran un bálsamo para el alma. No tenían desperdicio. Cuando oscurecía, me adentraba en los caminos, andando muy despacio para no perder el equilibrio cuando las piedras resbalaban bajo mis pies, a oscuras, enmedio del bosque, nos gustaba acercarnos a los lobos, me sentaba junto a Faia que siempre salía a acompañarnos, me permitía tocarla, bueno, casi me lo exigía, y allí, bajo un cielo cubierto de pequeñas lucecitas que brillaban sobre nuestras cabezas, buscaba a Centauro, y no sé si lo encontraba, pero había una de entre todas las estrellas que deslumbraba, y yo le adjudicaba el nombre. Debajo de un cielo así, sientes que no eres más que una hormiguita que se mueve por el mundo y que puede ser pisada en cualquier momento. Por eso, hay que disfrutar de estos pequeños respiros, vivirlos intensamente, para recordarlos cuando nos falte de nuevo el aire, y la vida seguro que nos coloca en una posición, tarde o temprano, en que hiperventilemos, entonces, hay que agarrarse a lo bueno, para ausentar lo malo.

No es la primera vez que me acerco a un animal que se encuentra en peligro de extinción. Para mí, esa etiqueta pesa como una losa. En el caso de los lobos, ¡son tan magníficos!, son majestuosos e increíblemente inteligentes. Los amerindios, que eran estupendos y sabían mucho, respetaban a todos los animales, y creían que tenían cualidades y habilidades de las que se podía aprender. En concreto, tienen leyendas preciosas con los lobos, por ejemplo: "Cuentan que una joven india encontró un lobezno solo y muerto de hambre, así que lo recogió y se hizo cargo de él. Fueron inseparables. Un día la mujer vió como las huellas que habían dejado en el barro pertenecían a dos lobos, en vez de a un lobo y a un humano. Lo consultó con el sabio jefe de la tribu, y éste le dijo que era un don otorgado por haber salvado al lobezno, tenía el don de la doble existencia. Fue al río y miró su reflejo en el agua, y el agua le devolvió la imagen del rostro de una hermosa loba".

Las noches daban buenos ratos y buena compañía. Nos reuníamos a jugar a las cartas y a charlar. Era fantástico porque todos estábamos en la misma onda, todos hemos compartido la misma experiencia inolvidable, también hemos compartido casa y hemos sido un equipo.

En la foto de abajo, aunque no lo parezca, sale un lobo. Es Minho.
Minho llegó al centro en muy mal estado. Nació libre, en España, y fue rescatado de una captura ilegal que algún descerebrado hizo, y no conformándose con apartarlo de su hábitat, lo maltrató. El estrés y el miedo domina su vida.

Tomar una foto de él, es casi una misión imposible, porque ¡no para!, va, viene, va, viene, y así sucesivamente. Cuando para, se esconde, y no le ves el pelo. Está muy controlado por los veterinarios del centro, pero a mi, personalmente, se me partía el alma de pensar en las palizas que le dieron, y para estos casos, quiero creer en el Karma.