martes, 9 de noviembre de 2010

TU PRIMER CUENTO.


En el libro de Come Reza Ama de Elizabeth Gilbert, hay una frase muy significativa que dice: "Tener un hijo es como hacerse un tatuaje en la cara. Antes de hacerlo tienes que tenerlo muy claro". Pues bueno, estoy totalmente de acuerdo, nosotros hemos pensado mucho antes de dar el paso pero, como vereis, lo tenemos ya muy claro, así que nos hemos hecho un tatuaje invisible donde se lee: "Esperándote", esa fue la palabra que decidimos poner en el contador que suma los días que pasan en este largo proceso hasta la llegada y, casualmente, la primera cosa que hemos comprado para el/la pequeñ@, su primer cuento, se llama así: "Esperándote".

"Ayer, caminaba por la calle pensando en ti, porque vas conmigo a todas partes desde que comenzamos este peregrinaje en tu búsqueda. Iba caminando con la cabeza llena de pensamientos, sin ton ni son. Desde que hemos empezado este proceso, todo sigue igual, y al mismo tiempo, todo ha cambiado. Ha habido en este poco tiempo sobresaltos, momentos muy emotivos de esos que te cortan la respiración, muchas sorpresas agradables y preguntas, preguntas sin respuesta, al menos de momento. Caminaba y llenabas mi pensamiento, me era fácil imaginarte naciendo, pasando a otros brazos, y a otros, y a otros, brazos ajenos, en una cuna mirando el techo durante horas...deseaba que cuando todo eso suceda, alguien te colme de besos, de caricias, te despierte las sonrisas, juegue contigo y te de el amor que necesitas, a ti y a todos los pequeñ@s como tú, hasta que nosotros lleguemos a recogerte y hagamos el relevo, ya para siempre. Lo deseaba, porque si lo deseo, quizás sea así. Iba andando por la calle, pensando en esto, pensando en ti, cuando vi algo que me humedeció los ojos, que me emocionó, en realidad me dió un vuelco el corazón. Delante de mí, doblando la esquina, una pequeña iba en brazos de su padre, una niña que no tendría ni un año de edad, y que vestía ¡una chaqueta roja!. Llevaba la capucha puesta y me miraba fijamente, con la curiosidad de quienes tienen reciente su llegada al mundo. Me miraba con sus hermosos ojos de media luna, porque sí, era una niña china con una chaqueta rojísima, y entonces, pensé que eso no podía ser otra cosa que una señal. El mundo se paró, y por un momento, sólo estábamos tú y yo. Tú, que no has nacido, yo, que pese a tal circunstancia, pese a que no quiero soñarte hasta que me digan que soy idónea, pese a que, a veces, estoy asustada por si todo se queda en un sueño, no puedo controlar ese pensamiento porque algo nuevo ha nacido en mi, y me parece que te veo por todas partes, aún sin saber como serás, te veo con los ojos del alma".
Mientras, aquí en casa, no tenemos noticías de consellería. No sabemos cuando empieza el curso, y no sabemos si nos harán llegar las fechas por correo o a través de una llamada. No sabemos nada de nada, sólo que, ¡queda un mes menos!, jajajaja, ¡seamos positivos!.

Silvia Magdaleno de Desenredando El Hilo Rojo, ha tenido la idea genial de escribir un cuento, ilustrado por MªJosé Lacomba, para explicar a los niños/as la larga espera hasta llegar al momentazo de darles el primer abrazo. ¡Felicidades, Silvia!, ha llegado y el cuento¡está genial!.
Lo hemos leídos todos en casa, hasta Colás lo ha mirado con curiosidad, que tiene una particular manera de afrontar la larga espera, como vereis más abajo.
Pd: Bueno, queridos lectores, os anuncio que me tomo fiesta hasta la próxima semana, ¡¡¡que lo necesito!!!

lunes, 8 de noviembre de 2010

MISIÓN DE ALTO RIESGO.


Lo de ir al cine con los Ardorines, se había convertido en una misión de alto riesgo, en la que Ardorín se volvía, de repente, expresivo, al manifestar en público sus miradas asesinas hacía la aquí presente.
Vale que la primera peli que vimos juntos la elegí yo y fue bastante malucha, tampoco había otra mejor, todo hay que decirlo, pero la segunda, la de "Paranormal 2 Activity", fue elegida en consenso entre todos, excepto Ardorín, que no se manifiesta para bien, aunque sí para mal...fue un desastre, nos dejó a todos a cuadros. Ardorina y yo, nos morimos de la risa durante la proyección, las miradas iban y venían, aunque estuvo entretenida, no podía ser peor...hubo momentazos donde en la misma sala del cine una puerta se cerraba misteriosamente abarcando la atención de todos los allí presentes, después las risas. Pedro llegó a pensar que había actores y que iban a aparecer en mitad de la proyección para darnos el susto que no nos daba la película. Pese a que la peli había sido elegida por mayoría absoluta, Ardorin se emperró en decir que había manipulado las decisiones generales, ¡soy poderosa!, jajajaja, así que ayer, para evitar problemas posteriores, decidimos elegir cada domingo uno. Le tocó el turno a mi Pedro. "The Town". Me encantó. Me es fácil meterme en la película, y no tengo suficiente con vivir la mía propia, yo me voy de viaje a darme un paseito por dentro de la pantalla, me enamoro del atracador lo mismo que la protagonista, y veo chispitas volando por encima de mi cabeza. Los buenos, son los malos, los malos, son los buenos, y el mundo al revés me fascina, para cambiar de vez en cuando y soñar, que es de lo que se trata. Total, me cautivó la historia de la infancia destrozada, la vida marcada, el deseo de huir, de escapar, de cambiar, de enamorarse...

viernes, 5 de noviembre de 2010

EL UNIVERSO SOBRE MI.


Hoy he amanecido con esta canción de Amaral que me ha gustado siempre muchísimo y está entre mis preferidas. Después de escucharla, al menos tres veces seguidas, hoy soy yo la que me apropio del estribillo, porque yo también:
"Quiero vivir, quiero gritar, quiero sentir el universo sobre mi, quiero correr en libertad, quiero llorar de felicidad. Quiero vivir, quiero sentir el universo sobre mi, como un náufrago en el mar, quiero encontrar mi sitio. Sólo encontrar mi sitio".
Y es que a veces, como la protagonista de la canción, ando fuera de lugar, soy un salmón nadando contra la corriente, la oveja negra del rebaño, la maceta fuera del tiesto, y sin embargo, quiero seguir siéndolo, porque ser una misma es tremendamente complicado, a pesar de que debería ser lo más sencillo del mundo, lo natural, también lo más gratificante. Somos así, hacemos una montaña de un grano de arena y rizamos el rizo, necesitamos hacer difíciles las cosas más sencillas, hasta el punto de que perdemos de vista lo verdaderamente importante, lo que se esconde en las nimiedades, en los pequeños gestos. Hoy miro al mundo desde otro prisma, intentando que mi mirada no se vuelva borrosa, ¿y sabeis?, si miras, si te paras a observar todo lo que sucede a tu alrededor, es fácil darte cuenta de que el amor está por todas partes y esconde la tan ansiada felicidad, lo tenemos ahí, esparcido, germinando, y no nos fijamos en él. Está latente, en una mano que se coge a otra, en una caricia, en una sonrisa, en unos ojos que se cruzan, en las conversaciones que se producen en los silencios, incluso en las lágrimas...
Hoy estoy viviendo intensamente, que es como me gusta vivirlo todo, sacar el jugo, como el estribillo de esta canción, siendo consciente de que el universo está sobre mi, de que cada segundo cuenta, a veces pierdo el horizonte, el norte, pero hoy no es el caso.
La verdad, si miro a mi alrededor y busco en los pequeños gestos, es fácil verlo, es fácil darse cuenta de que el amor está dando vueltas, persiguiéndonos, persiguiéndonos, persiguiéndonos...¡disfrutarlo!.
Pd: ¡Feliz finde!.

jueves, 4 de noviembre de 2010

EL HILO ROJO.


Entre los blogs de padres adoptivos que esperan pacientemente la llegada de sus hijos, me encuentro siempre con la leyenda del hilo rojo, que me la agencio, porque es muy bonita, y yo también quiero desenredar la madeja...¿será por esto que veo al bebito/ta-cari con una chaquetita roja?.
"Cuenta una leyenda china que un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, a pesar del tiempo, del lugar, a pesar de las circunstancias. El hilo puede tensarse o enredarse, pero nunca podrá romperse".
También he leído por ahí, que la leyenda más antigua dice, que un abuelito que vive en la luna, ni más, ni menos, sale por la noche buscando personas destinadas a estar juntas. Cuando las encuentra, las ata con hilo rojo y así nunca se separan.
Pues nada, Colás que tiene experiencia en esto de los hilos, nos está ayudando a estirar y a desenredar, se implica con nosotros en esta bonita tarea, a ver si es verdad que al final, unos bracitos nos esperan, estirados en nuestra dirección para llenar el hueco de nuestros brazos. Hoy hace un mes, ¡un mes!, todo un record, jajajaja, no me queda ni ná...

miércoles, 3 de noviembre de 2010

TODOS LOS SANTOS.


Al bajar de la furgoneta, vi dos mujeres en un bajo, acicalando un ramo de flores para llevar al cementerio. Sentadas y en silencio, parecían completamente concentradas en ese trabajo. Cogían con mimo cada una de las flores, poniendo en ese gesto todo el amor del mundo. Parecían ausentes, pensaban, quizás, en sus difuntos, y por eso, se esmeraban en hacer de aquel ramo el más bonito.
Esta semana, la hemos empezado con este día, el de Todos Los Santos, que hace ir en avalancha a los vivos hasta el lugar de los muertos. Es un día para recordar que sólo una fina línea nos separa, porque la vida y la muerte van inevitablemente unidas. Me trae muchos recuerdos, desencadenados, todos ellos, sin orden ni concierto.
El día de Todos los Santos, siempre estrenaba la ropa de invierno, e iba, junto con mis padres, encantada de la vida, luciendo el nuevo modelito. El lugar elegido no podía ser menos adecuado, o sí, depende, porque teníamos la visita obligada al camposanto, y en concreto, a la tumba de mi abuelo, al que no conocí. Tras atravesar la puerta del cementerio, recuerdo siempre mi mirada concentrada en la primera losa a mano derecha, que a pesar del paso del tiempo, siempre tenía alguna flor fresca. Era la tumba de una niña, con su foto en blanco y negro. Una niña, que murió a principios del siglo XX, y que se llamaba Rosita.
La excursión al cementerio, me dejaba grabadas en la cabeza las imágenes de los muertos, sonriendo en las fotos. Después, por la noche, me asaltaba ese recuerdo y no me dejaba dormir. Podía recitar de memoria nombres y apellidos, sobre todo, los de aquellos que tenían una edad próxima a la mía. Me llamaban la atención las tumbas, en el suelo del primer cruce, de "los sin nombre" fallecidos en la guerra, donde las almas más caritativas, dejaban alguna flor en su memoria. No sé yo, si este sitio es para los niños, que son, altamente impresionables.
Cuando fui más mayor, aunque aún estaba en el colegio, junto con un grupo de amigas, me hice voluntaria para participar como cantantes en el coro de la iglesia del cementerio. No cantábamos nada bien, sino todo lo contrario, la verdad, pero Felisa tocaba el piano que era una delicia, y eso era un mundo para aquel sacerdote que siempre tenía que oficiar entierros y que daba sus misas, entonando cual tenor, las canciones más deprimentes del mundo. No nos movía nuestra fe religiosa, al menos a mí, sino más bien las risas que nos pasábamos con el cura, que era tremendo. El sacerdote del cementerio tiene una leyenda, no sé si será verdad, pero cuentan que tuvo un accidente donde perdió a su familia y a raíz de eso se hizo religioso. Era un hombre divertido, peculiar, pero hablaba tan deprisa que se le trababa la lengua y no había Dios, nunca mejor dicho, que le entendiera. Nosotras, nos encanábamos de la risa en pleno misal, y eramos incapaces de entonar el "Kyrie Eleison". Entonces, el cura, ¡que era un santo!, y lo afirmo con rotundidad porque os aseguro que tenía una paciencia divina con nosotras, esperaba a que se nos pasara la tontería, haciéndonos gestos con la cabeza para que cantáramos, en el momento en que nos era más difícil reprimirnos. Tengo buenos recuerdos de aquel hombre, que en sus ratos libres, paseaba con bicicleta por dentro del camposanto. Allí, no había coches que pusieran en peligro su integridad, y decía que era el sitio ideal para hacer deporte.
Dando un salto en el tiempo, mis últimas imágenes se remontan a los paseos que daba con una amiga, mano a mano las dos, más de un día pasábamos un rato de la tarde por ese otro mundo dentro de este mundo. Ella quería ser médico forense y eso también influenciaba en esa idea extraña de pasear entre nichos, movidas supongo por la curiosidad. A veces, visitábamos la tumba de un compañero de instituto, que allí está, con su sonrisa intacta, con sus eternos dieciocho años. Lo recuerdo perfectamente, recuerdo su voz y forma peculiar de andar. Se parecía un poco a John Travolta. Su muerte rompió muchas esperanzas, las de todas esas chicas que suspiraban por él. Era guapo, y aún me parece extraño que se quedara ahí, que no esté, que su vida no continuara.
Después de todas estas escapadas al cementerio, con el paso de los años, con el paso de la vida, me han quedado pocas ganas de volver. Ya no miro a la muerte del mismo modo que antes. Ahora me cuesta soportar las miradas fijas de las fotos que cuelgan de un modo tétrico en las lápidas. Aunque me gusta ver, como las personas siguen yendo, a limpiar, adornar y acompañar a sus ausentes.
Foto: Aquí.

martes, 2 de noviembre de 2010

EL MAS DE XIVA.


Después de una mañana entre azadas, criptobosc, tierra, trozos de sol, viento, ir y venir en busca de otras plantaciones anteriores, fuimos con David, que conoce cada palmo de monte como la palma de su mano, a hacer otro experimento con el criptobosc. Ir con David de excursión es un aprender constante, te explica un bosque, te lo presenta como un museo, y donde vemos cuatro piedras unidas, él nos hace ver cuatro elementos con tropecientas funciones en el mundo natural. Arriba podeis ver los machotes con los que me quedé cuando el resto decidió regresar a la rutina, parecen supermanes, ¿verdad?.

El cielo, ese mar de las alturas, que nos envuelve, en el que en ocasiones ni siquiera reparamos, con sus nubes haciendo formas, sus contrastes de colores...me gusta el cielo cuando oscurece sus tonos y anuncia lluvia, también cuando nos muestra el arco iris, o cuando sus tonalidades se vuelven rojizas. El cielo es un espectáculo, a cualquier hora, de cualquier día. Te ofrece las estrellas, se traga los deseos, lo miramos de manera instintiva, sin pensarlo, cuando necesitamos esperanzas, cuando nos vamos al otro lado del planeta y reparamos en que nos cubre a todos el mismo manto azul, con la misma luna y el mismo sol. Bueno, en la foto de arriba os lo enseño en uno de los momentos que más me gusta, cuando anuncia tormenta y oscurece en algunas zonas, mientras que en otras ofrece una luz casi cegadora, de un sol que se resiste a dejar de brillar.

Tras reforestar, siempre, siempre, siempre, pegamos cuatro berridos al universo. En realidad, invocamos al Dios de la lluvia, gritando unas palabras superextrañas en swahili, una lengua hablada, sobre todo, en Tanzania y Kenia. Como vereis, nos hizo caso, y empezó a caer el agua sagrada para la germinación de los futuros árboles.

La muda de piel de las serpientes me apasiona. Pueden llegar a mudar la piel hasta ocho veces en un mismo año, no todas, supongo que las que más avancen en su crecimiento. Se restriegan contra las piedras o los troncos de los árboles y dejan allí, abandonada, la antigua piel. Crecer sin cambiar, es imposible. Me gustaría mudarme de piel, como ellas, dejar atrás la antigua y renovarme. Pero no somos serpientes, y acumulamos las capas de todo lo vivido. Así, andamos arrastrando nuestros jirones de alma, acumulando piedras en la mochila, y nuestro crecimiento tiene mucho que ver con eso, con el peso de lo pasado. Hay personas que ven sin mirar, oyen, sin escuchar, y la piel que les recubre es más ligera, mientras que a otras la metamorfosis no les iría nada mal, y por eso necesitan, renovarse o morir.

Arriba teneis un madroño. Me gusta ver como sus frutos cambian de color. Están riquísimos, además. Este árbol resiste muy bien los fuegos, es un árbol de otoño, precioso, y una fuente de alimento perfecta para la fauna. Hice mil piruetas hasta que conseguí alcanzar uno de sus frutos. ¿Habeis probado los madroños?, pues cuando lo hagais, teneis que saber que, las semillas, son esas pequeñas cositas que después deambulan por la boca, atascadas entre los dientes, y si las enterrais, dan vida a este árbol, interesante, ¿no?.

Nos íbamos ya, pero David nos llevó a la fuente del Mas de Xiva. No la conocía. A mano derecha de la carretera, atravesamos una puerta para llegar a un camino estrecho que conduce a un manantial de agua canalizada. Nada como beber, directamente, el agua que mana de la misma montaña. Allí, entre árboles, vimos asomar la parte alta de una pequeña iglesia, y pregunté, sorprendida, por ella. Me contaron que era la capilla del Mas de Xiva, pero que, lamentablemente, estaba todo abandonado. En ese mismo instante, dejó de interesarme la fuente, ya sólo quería acercarme a esa construcción solitaria envuelta de vegetación.

¡No puedo creer que alguien abandone un lugar así!. El Mas, permanece de pie gracias a la resistencia de sus gruesos muros de piedra, aunque la parte alta del mismo, empieza a derrumbarse. Ya os podeis imaginar lo poco que tardó en activarse mi imaginación. Entré por la puerta principal del caserón, con un enorme escalón de piedra rojiza y un recibidor amplio. Me parecía verlo amueblado, con una enorme vitrina repleta de fósiles, flores secas o un mueble japonés de color rojo, no sé, lo veía de cualquier manera, veía todas las posibilidades de ofrecer calor de hogar al atravesar la puerta de madera, que no está en su lugar, sino que se encuentra allí tirada, insalvable ya. Inspeccioné las habitaciones, los tejados con sus vigas de madera, olí los olores que debieron reinar en su día, a comida cocinada sobre la lumbre en un puchero, a pan recién amasado, a dulces de anís...¡me parece un crimen que esto se pierda!, un rincón así en el mundo, ¡es un paraíso!, y un día amanecerá derrumbado porque nadie se preocupó de mantenerlo en pie para la siguiente generación.

¿Y quién vivió allí?, pues los Xiva, digo yo. ¿Qué les llevó a abandonar ese tipo de vida?. Supongo que las condiciones no serían las mejores, pero yo ahora regresaría a esa vida, en realidad, todos los que estábamos allí curioseando, transformamos lo que veían nuestros ojos en un ecocentro, también en una casa para vivir, nos montamos un huerto, un horno de leña y dispusimos nuestras labores para ser autosuficientes, y todo esto nació de la imaginación, porque todos allí eramos unos soñadores, las personas que creemos que el mundo puede cambiar y mejorar, lo somos. Unos ven ruinas y otros, posibilidades de que dejen de serlo.

Por supuesto, también pensé en los romances vividos en el granero o en la capilla. Las miradas escondidas de dos amantes secretos, con códigos que tan solo ellos eran capaces de entender...ya sabeis, puestos a soñar, soñamos lo imposible, porque lo difícil se hace, lo imposible, se intenta.

lunes, 1 de noviembre de 2010

FEM BOSC.


Ayer, nos juntamos un grupo de enamorados de la naturaleza, para dar vida a la vida, para reforestar y disfrutar de un rato de buena compañía, en un entorno relajante donde es fácil olvidarse de pensar, donde la calma se impone, las prisas desaparecen y el estrés que conlleva la vida en la ciudad brilla por su ausencia.

¿Recordais a Júlia?.
Os adjunto el post donde os hablé de ella, mi fan "number one", bueno, ha crecido muchísimo y ya no me llama "Oena", sino que pronuncia claramente mi nombre. Júlia quiere un mundo lleno de bosques para su vida, nos hizo poner las pilas y trabajar a la velocidad del rayo. Se encargó de ir repartiendo semillas a todos, puso nombres y apellidos a los futuros árboles, y después, me llevó de la mano a vivir un mundo mágico de comiditas, donde las piedras cobraban vida, se iban de fiesta, escalaban y eran atendidas en un hospital. Fue divertidísimo. ¡Un besito para ti, Júlia!.

Disfruté mirando a mi Pedro trabajar con sus manos la tierra, ¡se le veía tan feliz!, vamos, se notaba que estaba en su salsa. No tengo ni la más remota idea de cuántos árboles lleva ya plantados en su vida, pero muchos, de hecho, en casa han nacido varios futuros bosques que ya están creciendo por ahí, un día os mostraré nuestros pequeños tesoros que van tomando forma y haciéndose altos en los montes.

Paso uno: Cavar un pequeño agujero, no demasiado profundo.

Paso dos: Introducir el criptobosc, que ahora os explicaré lo que es.

Paso tres: Tapar.

Y, ¡cha cham!, así se hace un bosque. Con un poquito de ganas e ilusión, poniendo amor, nace después una nueva vida que un día dará sombra a nuestros hijos, al menos, con esa intención se trabaja, mirando hacía el futuro, que aunque no exista, puede que un día nos sorprenda con su llegada.

El CriptoBosc es un invento de David, de Amics de Palanques, que está inspirado en una antigua técnica japonesa. Consiste, en envolver manualmente, una selección de semillas de árboles y arbustos forestales, en una mezcla de silicatos de aluminio de origen natural, agua, fertilizantes y repelentes naturales.
Una vez secas, las capsulas de CriptoBosc son enterradas o esparcidas sobre la tierra, incluso sin necesidad de enterrarlas, y un buen día, cuando volvamos a visitarlas, habrán germinado dando lugar a un alcornoque o una carrasca, esto es lo que yo llamo, ¡magia potagia!.