miércoles, 15 de septiembre de 2010

OLMO Y AURA.


Hay lugares que no te llaman nada la atención, y sin embargo, alguna fuerza cósmica, alguna extraña energía lanzada por el universo, hace que un buen día dejes que la corriente te arrastre hasta el destino que tienes escrito en las líneas de la vida, o vete tú a saber donde. El caso es que vas, llegas, y descubres al momento, o quizás con el tiempo, porqué la fuerza del universo te llevó hasta aquel rincón del mundo que tenías desterrado del pensamiento y de la emoción.

Los lugares te llaman, te esperan, te llegan, y cuando pasas por ellos, te cambian, te completan un poco más, porque te llevas nuevas imágenes, nuevos recuerdos, nuevas experiencias, nuevas personas...también nuevo hermanos del alma, como los lobos, compañeros del planeta, como tantos otros, a quienes ignoramos, menospreciamos, olvidamos, sin darnos cuenta de que son imprescindibles y de que el ciclo de la vida, no sería tal, sin ellos.

En la foto, podeis ver a "Botones", es tan sólo un trozo de lana unida formando en su conjunto un muñeco especialmente extraño que acompaña a Chris en todos sus viajes y es el protagonista de sus fotos. Pues bien, "Botones", nos acompañó a Lisboa y terminó acaparando la atención de todos los que nos rodeaban, porque a veces la magia se esconde en las pequeñas cosas, y si nos las perdemos, estamos dejando que se resbale la felicidad de nuestras manos. Un muñeco de trapo es tan sólo un muñeco, ¿o es algo más?, puede que para la persona que lo posee signifique un mundo, porque despierta su sonrisa, porque se lo hizo alguien querido poniendo en cada punto unido todo el amor para hacérselo llegar a su destinatario, y eso se siente, ese cariño está tejido, unido, cosido, con tanto mimo, que le llega esa fuerza al dueño del mismo, de este modo, un muñeco deja de ser un muñeco para convertirse en una de esas pequeñas cosas que esconden la felicidad, y que si no las vemos, ni las apreciamos, se escapan a raudales de nuestra alma.

Lisboa no llamaba nada mi atención, sin embargo, estoy deseando volver. Es una ciudad de contrastes, de colores, de música en las calles, romántica, de esas en que una desea perderse un tiempecito para olvidarse de todo, antes de regresar de nuevo a la rutina. En Lisboa, la vida se hace más hermosa, las ganas de vivir se incrementan, es difícil envolverse de sus edificios y no impregnarse, una vez llegas, ya nunca olvidas sus callejuelas, ni la ropa colgada al sol bajo las ventanas, ni los fados que te embargaron el sentimiento, apoderándose sin permiso de las sensaciones.

Esta mujer entrañable de la foto, consiguió, sin darse cuenta, que se me pusiera un nudo en la garganta y mis ojos se humedecieran. Me hubiera gustado que pudierais haberla visto hablar con las palomas, les decía cosas que sonaban hermosas e importantes, poniendo todo el amor en cada palabra. Con un cariño que se desbordaba, las acariciaba agradecida porque llenaban por completo su soledad, ausentándola. Les respondía con mimo, con dulzura, como si en sus manos tuviera algo muy frágil y valioso,porque quizás en su mundo, todo el mundo sean ellas.

Los tranvías ayudan a que todo sea distinto, aportan su chispita de luz, de hecho se convierten en el centro de atención de muchas cámaras de fotos. Es inevitable, porque Lisboa va asociada a los raíles que cruzan la ciudad arrastrando a cientos de almas que miran con curiosidad a través de las ventanas el discurrir de la vida de otras tantas que caminan, algunas sin rumbo fijo, algunas perdidas, otras estresadas, otras seguras de sí mismas. Vidas que se cruzan una vez, fugaces como las estrellas. Te miran sin verte, prosiguen y te olvidan, porque no les importas, porque no te saben ni te conocen, porque es imposible recordar todos los rostros y todos los ojos.

De Olmo y Aura no hay foto, en dos semanas de estancia en el centro ¡no pude verlos!. Cecile me contó un día que los había visto, y yo solía escapar en cuanto tenía un minuto para acercarme a sus instalaciones a husmear entre los alcornoques, a ver si encontraba un atisbo de ellos. Estoy segura de que ellos me observaban, porque controlan todo lo que les rodea, me olían, me veían, me sentían y me escuchaban, pero los lobos son esquivos, instintivamente no se fian de nosotros, y bien que hacen, así que, Olmo y Aura no quisieron que les viera y hay que respetar que no se puede gustar a todo el mundo, ¿no os parece?.

Olmo nació en el año 2000 en el centro y Aura en 1996, ahora son pareja. Aura es la madre de Faia y Soajo. Su anterior pareja era Zimbro. Un poco culebrón todo esto, pero no os penseis. Los lobos son fieles a sus parejas. Por ejemplo, entre la pareja alfa de una manada, el vínculo es realmente poderoso y por regla general, permanecen juntos el resto de sus vidas. Eso sí, si uno de los dos muere es muy probable que busquen sustituto/a.
Las tribus Lakota respetaban al lobo, y admiraban su lealtad hacía su pareja y su familia, así que antes de ir a cazar, se pintaban la cara de rojo para imitarles en el momento del festín.

Y termino ya el tostón con Félix y sus frases célebres que no tienen desperdicio:
"Yo creo que el alma, el espíritu de todos los seres humanos, forma un tejido poderoso que envuelve todo el planeta, y que alguna manera es el que pervive. Yo creo que quien aporta más a esa alma colectiva, a ese acerbo colectivo, a ese ser vivo palpitante y palpable que es el ente de la cultura viviente universal, de alguna manera pervive, y de alguna manera, obtiene un billete para la eternidad”.

martes, 14 de septiembre de 2010

FAGUS.


En el Centro, los fines de semana los trabajos se reducían al máximo, y eso, nos permitía viajar por Portugal. Normalmente, siempre había un voluntario que se ofrecía a quedarse para hacer la vigilancia de incendios, pasear a Giló, y rellenar los recipientes de agua de los lobos.
Henrique, se empeñó en llevarnos a una isla con forma de tortuga que según nos explicó, era una de las maravillas de Portugal. Finalmente, en el ferry no hubo plazas ya que el cupo de visitas permitidas es limitado, así que, pasamos una mañana en Peniche, un pueblo costero, que me sorprendió por las enormes distancias que hay desde la orilla del mar, hasta los edificios. Nada de apartamentos metidos en la playa, las dunas están bastante respetadas, y para llegar hasta el agua, tienes que atravesar un desierto de arena que hace que el lugar tenga un encanto especial, esperemos que dure así muchos años.


Óbidos es un pueblo demasiado turístico para mi gusto, pero es innegable que es precioso en todos sus rincones. Es de esos lugares, en los que te sientes llena de sensaciones positivas que te aportan los colores de las flores, la algarabía de la gente paseando por sus calles, se respira en el aire las ganas de vivir..., la cantidad de reclamos alrededor de uno/a hacen que la mente se distraiga, se desconecte de todo y esté concentrada en pisar bien el suelo empedrado para no terminar con los huesos por tierra, y en mirar las maravillosas iglesias repletas de azulejos en su interior, los nidos de las golondrinas colgando de las tejas de las casas, casi al alcance de la mano, y las tropecientas mil tiendas de souvenirs que te devoran la atención, de tantas como hay, a ambos lados de la calle, completamente pegadas las unas a las otras. La sensación era parecida a la que tienen los niños de ahora en sus cumpleaños o en reyes, que de tantos paquetes por abrir, no saben para donde tirar, por cuál empezar, pues algo así...

A mí, me gustaban especialmente, las imágenes como la de abajo. Mujeres cosiendo en la calle. Eso ya se va perdiendo y siempre llama la atención cuando se ve a alguien trabajando las telas con sus propias manos.

Los muros de piedra vieja de Óbidos, han sido testigos de luchas brutales entre árabes y cristianos, y antes que ellos de romanos, visigodos y vete tú a saber de cuantísimos más...si las paredes hablaran...Me pasa un poco como a Félix, que cuando apoyaba la espalda en las piedras, se acordaba del hombre del paleolítico y guardaba la ilusión de que, antes que él, se había apoyado un hombre del pasado, en la misma piedra.
Me parece inevitable pararme a pensar lo de los muros, las piedras y las paredes, lo que habrán visto y oído, si hubieran tenido vista y oído, claro. Cuando tenía ocho años, en el colegio, tenía un profesor que se llamaba Don José, y siempre nos contaba que las paredes se tragaban las palabras, que lo escuchaban todo y retenían la información. Contaba que si en una casa muy vieja, ponías a grabar los sonidos aparentemente silenciosos de las estancias, después podías escuchar las voces del pasado, atrapadas en las piedras porosas por siempre jamás.

Mientras disfrutais de las imágenes de Óbidos, yo sigo hablando de lobos, de algunas curiosidades, por ejemplo, os voy a explicar porque es tan importante controlar el agua de las instalaciones lobunas. Para empezar, porque en verano el calor sofocante la evapora y la calienta demasiado, hay que ir renovándola, pero lo más importante, los lobos necesitan agua porque ¡les encanta!. Después de comer, beben muchísimo, y es un requisito necesario en el territorio de un lobo. Son buenos nadadores, pueden cruzar sin problemas lagos y ríos, así que ya veis, nunca te acostarás sin saber algo más...
Mi Pedro, vió uno de los días que salió a controlar el agua, como Faia se rebozaba, literalmente, en el interior de uno de sus recipientes. Dice que es el recuerdo que más grabado se le ha quedado de todos los que se lleva del centro lobo. Faia feliz sumergiendo su cuerpo en su piscina particular. De hecho, en concreto Faia, siempre intentaba engancharme la manguera cuando iba a renovar el agua, tenía que engañarla y ser más rápida que ella, ¡y os aseguro que me lo ponía bien complicado!.

En la foto de abajo, podeis ver el licor de chocolate, lo más típico de Óbidos. La tacita es comestible. Primero te bebes el licor, y después, te comes la tacita. Me atiborré con las tazas de dos o tres que no tenían la misma adicción al chocolate que tengo yo.


Óbidos siginifica "Ciudadela". Tiene un castillo y una alcazaba casi intactos desde la época musulmana. Es un contraste de épocas, un batiburrillo que te traslada en el tiempo un poco, así que no me extraña que en este lugar se celebren numerosos mercados medievales y sea especialmente conocido por esto. Podeis ver en la foto de arriba el castillo, subir a lo alto de la muralla debería ser obligatorio para todos los visitantes, a mí me dió un poco de vértigo, pero las vistas merecen la pena.

Os hablaba antes del lobo y el agua. Los amerindios creían que el lobo era el encargado de lavar el alma humana para que el espíritu se purificara y pudiera entrar en la Tierra prometida. Era también el guardián del camino que debían recorrer los difuntos para llegar al otro mundo.

Le llegó el turno a Fagus. Nació en cautividad en 1998, pero no en el centro, al centro llegó junto con su hermana que murió casi de inmediato, y Fagus se debatía también entre la vida y la muerte, porque estaba en unas condiciones deplorables. Finalmente, consiguieron sacarlo adelante y ahora está tan guapo como podeis ver en las fotos.

lunes, 13 de septiembre de 2010

SOAJO.


La tarea de vigilancia para prevención de incendios, era otra de mis preferidas, porque para ello había que subir a lo alto de la montaña, y allí había unas vistas espectaculares de todo el contorno. Me gustaba ir sola, era uno de esos momentos en los que sientes que el mundo está ahí para tí, y que te lo vas a comer de un momento a otro.
Durante nuestra estancia, tuvimos un día en el que el corazón se nos aceleró un poco a todos. Nos informaron de tres incendios en zonas muy cercanas al centro. Afortunadamente, un par de ellos estaban controlados, y el descontrolado era justamente el más lejano. El viento se pudo de nuestro lado, pero nos tuvo alerta un buen rato hasta que tuvimos claro que el peligro había pasado.

La casita verde es un container que era el antiguo alojamiento de los voluntarios. Ahora, se utiliza como trastero. Uno de los días subimos con Henrique a cargar unos muebles. Chris y yo, teníamos que procurar sujetarlos en la parte trasera del jeep, y allí me dió un ataque de risa que no me dejaba ni respirar. La risa floja venía porque me acomodé en el suelo haciendo palanca con mis piernas para que no se movieran los muebles, mientras que Chris, se puso en la parte contraria y de pie. Cuando el jeep comenzó la marcha, Henrique tomó el peor de los caminos para regresar a la parte baja de la montaña. La pendiente hizo que los muebles aprisionaran a Chris, que hablaba y hablaba, supongo que quejándose por aplastamiento, mientras que yo, no le entendía nada, y veía su cabeza a ratos. Me dió el ataque, al reir perdía fuerzas y los muebles bailaban aplastando todavía más a Chris, lo que provocó que ya no pudiera abandonar las carcajadas, en fin, que no fui la mejor de las compañeras en ese momento, pero eso sí, a mi que me quiten lo bailado, no pude pasarlo mejor. Voy a enrollarme y os pongo un video para que veais lo loca que estoy, ¡el video es corto!, no grabé el principio porque estaba sin fuerzas.


En la foto podeis ver la parte alta de la montaña, donde cargamos tropecientos muebles que se llevó Virgilio, el primero que aparece en la foto de abajo empezando por la derecha. Ya os dije que le iba a dedicar un post más adelante porque es una persona realmente especial, así que ya lo conocereis.

Henrique se iba de vacaciones y decidimos despedirlo con una cena en un pequeño pueblo llamado Vila Franca do Rosario. El lugar era muy auténtico. Yo tenía la sensación al ver a los dueños del local, de que había retrocedido hasta los años ochenta. En Portugal, encuentras cosas y personas que parecen antiguas, y eso en mi opinión le da un encanto particular a los lugares, los contrastes hacen que sea fácil enamorarte de sus pueblos y sus gentes.
Después de la cena, algunos se animaron a jugar al futbolín, y yo volví a sentirme de nuevo adolescente, trasladándome en el tiempo y la distancia, a mi pequeño pueblo de la sierra extremeña donde alrededor del futbolín vivíamos las más hermosas historias de amor y de amistad que uno puede imaginar, historias que han dejado una huella imborrable en mi recuerdo.

En el centro, había noches en las que los lobos no aullaban, pero es cierto, que siguiendo las fases de la luna, quizás era producto de la casualidad, pero lo que yo comprobé es que cuanta más luz regalaba la luna a la oscuridad de la noche, más probabilidades teníamos de escuchar el canto nocturno de los hermanos lobos.
Muchas noches, nos íbamos a las instalaciones lobunas para sentarnos en la oscuridad a escucharles aullar. Eran noches completamente mágicas y románticas, donde las estrellas brillaban en el cielo del modo en que brillan en un lugar sin contaminación lumínica, donde reina la oscuridad. Esa belleza del universo sobre nuestras cabezas, inundándolo todo, unida al canto estremecedor de los lobos enlazado al eco del espacio abierto donde se ubicaba el centro, no podría describírosla con palabras. ¡Era tan emocionante!, ¡tan absolutamente intensa!, que era bien fácil ver deslizarse alguna lágrima por mis mejillas, de tan solo pensar que esos aullidos puedan un día desaparecer. Como decía Félix: "Que el lobo viva donde pueda y donde deba vivir, para que en las noches españolas no dejen de escucharse los hermosos aullidos del lobo".
Hoy os voy a contar la preciosa leyenda de la luna y el lobo que es de autor desconocido y encontré hace ya algún tiempo no recuerdo muy bien donde, en algún libro o quizás en algún lugar de internet:
"En un tiempo sin tiempo, cerca de uno de los principios, la luna era siempre redonda y lejana, atada detrás del cielo y colgada de la nada entre vacíos. Miraba el mundo a sus pies coronada de plata y olvido. Y estaba bien mirando en la distancia. Pero una noche, distraída, se acercó demasiado a la Tierra y se le enredaron los dedos en las ramas de un árbol. Cayó de pie sobre la hierba, y de repente, le salió al paso una sombra oscura: pelo crespo, ojos negros y una sonrisa lobuna. Cabriolas de luz de luna enmarañada de lobo jugando entre arbustos y colinas. Aullidos y risas y rumor de estrellas entre las hojas. Pero todo lo que empieza acaba y el lobo volvió al bosque y la luna al cielo. Cuenta la leyenda que antes de separarse, la luna le robó al lobo su sombra para vestirse de noche el rostro y recordar el aroma de bosque. Y que, desde entonces, el lobo le aúlla a la luna llena que le devuelva su sombra... "
En realidad, se cree que los lobos aullan a la luna llena porque la luz de esta luna aumenta las posibilidades de éxito en una cacería.

Soajo vive junto a su hermana Faia. Nacieron el mismo día, en Junio del 2008. Es bastante más difícil ver a Soajo que a Faia. Es mucho más esquivo y como Faia es la alfa, teníamos que hacer virguerías para que Soajo pudiera comer sin que se iniciara una pelea con su hermana, así que le dábamos la comida primero a uno, y luego al otro, en puntos totalmente distantes. Soajo corría al lado del jeep, casi volaba. Era bastante más inquieto y desconfiado que Faia, y tenía facilidad para esconderse en el bosque y no dejarse ver, salvo que a él le interesara, claro.

domingo, 12 de septiembre de 2010

TEIXO.


Teixo no vive en el Centro Lobo de Malveira, aunque sea responsabilidad de ellos. Junto al territorio del grupo lobo, se encuentra el parque natural de Tapada de Mafra.
Me entusiasmaba el momento en el que las puertas del parque se abrían para nosotros, porque al traspasarlas, el paisaje era completamente diferente, era como cambiar de país para ver desfilar antes tus ojos nuevas tonalidades que nos dibujaban a todos, en general, una sonrisa.

Los primeros animales que solíamos encontrarnos eran jabalíes y gamos, pero en el parque había, además, venados, jinetas, tejones, zorros..., junto a una gran variedad de anfibios y de aves.
Cuando pasábamos al parque, me invadía una serenidad absoluta. Se paraban los pensamientos, y llegaba la paz. Sin palabras luchando por salir al exterior, se alcanza la mejor de las meditaciones, aquella en la que la mente parece dormida y el cuerpo sólo se preocupa de inundarse de las sensaciones que el entorno ofrece. Un respiro de aire limpio, una caricia del pelo en la cara cuando es movido por la brisa, la música celestial que llega desde las ramas de los árboles, el traqueteo del jeep que nos concentraba a todos en mantenernos bien sujetos para no ir a parar donde Cristo perdió el gorro...sensación de libertad, casi como cuando se viaja en moto, diría que incluso mejor. Es un lujazo sentir que eres libre como el viento, que nada te ata, que cuelgas de una nube, que la naturaleza te llena el alma de energía. Así fue como, de golpe y porrazo, acepté las cosas que no puedo cambiar para poder seguir, de este modo, avanzando. De Tapada me llevé la magia que flota en el aire y dejé allí mi cambio de piel, como las serpientes, que necesitan la muda para seguir viviendo, y es la señal de que están creciendo.

Lo de ir en la parte trasera del jeep, a mí me resultaba un lujo para los sentidos, especialmente para la vista, porque yendo de pie no se perdía detalle de la panorámica. Hasta llegar a la zona de Teixo, pasábamos unos minutos atravesando el parque y viendo las ranitas saltar al interior de los estanques a nuestro paso, alguna tortuga tomando el sol, y muchos gamos corriendo como locos para pararse de vez en cuando a observarnos con curiosidad, y de nuevo arrancar a correr.

Disfruté mucho con Carlos, que me hablaba de África, su país natal, donde vivió hasta que cumplió quince años. Me reí mucho con la anécdota de su abuela, absolutamente entrañable, que estaba convencida de que su nieto era negro porque había nacido en África; la mujer no entendía de genes, porque los padres de Carlos son portugueses y ambos son blancos, así que, cuando lo vió por primera vez con quince años de edad, aquella mujer que esperaba un morenito, no veía en Carlos al nieto africano por ningún lado.
Me contaba Carlos, que Tapada, le recordaba muchísimo los paisajes de su infancia, los paisajes africanos, así que, por momentos, allá que me iba escuchando sus descripciones, casi me parecía ver masais y todo...porque yo es que soy un poco como Félix, que decía que siempre había sido un soñador, pues, ¡hala!, ¡ya somos dos!. Sin soñar, sería imposible volar. Sin soñar, andaríamos ya, medio muertos.

Al llegar a la zona de Teixo, es fácil ver su silueta a lo lejos, yendo y viniendo, esperándonos, porque sabe que vamos a ir y no con las manos vacías. Era habitual verle andar sigilosamente, escondiéndose tras los arbustos para observarnos sin perder detalle. En ocasiones, se aventuraba a salir y corría hasta el siguiente escondite. Otras veces se acercaba para, de golpe y porrazo, alejarse, y otras nos sorprendía tomando más confianza de la habitual y permaneciendo quieto en un lugar cercano a nosotros, mientras entrábamos en su territorio para asegurarnos de que sus recipientes de agua estaban en perfectas condiciones de limpieza para rellenarlos de nuevo.

Teixo nació en 1996 en el IWRC. Su compañera murió pocos días después de ser trasladada junto con él a Tapada. Resulta, que en el 2005, el fuego arrasó el parque natural y llegó hasta el centro lobo. Los lobos tuvieron que ser trasladados a otro lugar. Lo pasaron muy mal todos, porque como sus instalaciones son tan grandes, estaban muy bien escondidos y fue muy difícil localizarlos para dormirles con un dardo tranquilizante. Tres de ellos murieron del estrés y del humo. Fue un mal momento para todos los cuidadores, y también para los lobos.

El lobo estaba considerado para los indios un magnifico signo, protector, buen cazador, sabio, independiente, con valor y cierto toque misterioso. Era un animal sagrado y muchas tribus llamaban "lobo" a su clan, incluso algunos tenían como nombre propio, Lobo.
En Alaska, los lobos salían a relucir en muchísimas ocasiones. Los Yupi´k, una tribu esquimal, me contaban que, cuando los alces se adentraban en el pueblo, era porque los lobos andaban cerca. No dudaban en matar a cualquier lobo que se les cruzara en el camino, porque ellos piensan que un animal que se te cruza, se te ofrece. Lo mataban exclusivamente por la piel, porque la carne del lobo según me dijeron era demasiado dura. Hubo un nativo que me llevó a su casa y colocó una piel de lobo en mis manos, una piel blanca que había sido arrancada de una manera brutal, que prefiero no explicar. Tenía esa piel en mis manos, y me parecía ver la nieve cubierta de sangre, manchada de rojo por un cuerpo despellejado y abandonado. Me decían que para el frío, la mejor piel era la del lobo, y por eso les matan. Me acordé de una leyenda amerindia que cuenta que si uno ve un lobo blanco, dicho animal ha sido enviado para protegerle. Espero que ese lobo blanco se cruce un día en mi camino, pero corriendo y deslumbrándome con toda esa belleza innata que tienen los lobos.

sábado, 11 de septiembre de 2010

DOURO.


El momento de ir a alimentar a los lobos, era el que más nos entusiasmaba a los voluntarios, porque era una garantía de que ibas a verlos casi con toda probabilidad. Una tarea realmente preciosa, en la que nadie dudaba en implicarse.
Llegaba la carne a primera hora de la mañana, y empezaba la preparación. Cada lobo tiene una cantidad asignada. Suelen comer cada dos o tres días y una media de dos a tres kilos de carne por lobo, variando esta cantidad de acuerdo a la constitución de cada uno de ellos. En libertad, según he podido leer, pueden consumir hasta nueve kilos de carne de un tirón, porque es posible que pasen días e incluso semanas, sin que la manada pueda volver a alimentarse.

Para no confundir la comida de cada uno de los lobos, organizábamos los cubos, marcados con sus nombres, en el orden de la lista que seguíamos, donde se detallaba el tipo de carne y la cantidad. La mayoría comen vaca, excepto uno que come pollo y un par que comen carne sin huesos porque están viejitos, entre ellos, Douro.

Tras pesar la carne y distribuirla en los diferentes cubos, un par de voluntarios la preparaba para que otro par pudiera esconder la medicación en el interior. Si tenía que elegir, prefería cortar carne a esconder pastillas para despistar la inteligencia lobuna, que es importante. Tener en cuenta, que su cerebro es, aproximadamente, un 30% más grande que el de los perros, ¡y son muy astutos!.

Decía Félix: "He sentido siempre auténtica preferencia, entre todos los animales, por el lobo. He hecho campañas para su protección, algunas de las cuales han sido mal interpretadas y me han ocasionado críticas acerbas".
Esta pasión por los lobos le causó más de un quebradero de cabeza, pero luchó y lo hizo con tanto entusiasmo que, sin duda alguna, gracias a sus persistencia, este hermoso animal ha conseguido sobrevivir hasta el día de hoy, pese a que se lo seguimos poniendo difícil, y todavía se pone en duda su importancia en el ecosistema. Para que veais que la naturaleza es un todo, una cadena, y nadie sobra, os diré que en el parque nacional de Yellowstone se reintrodujo el lobo en el año 1995. Desde entonces, con las manadas que se han ido formando, la población desmedida de alces se ha regulado, esto ha permitido recuperar árboles, así que han regresado los castores, y los restos de las presas que matan los lobos, han hecho que regresen carroñeros como el cuervo o los osos. El papel del lobo es vital en el ecosistema. De hecho, cuando escucho que hay problemas con la población de jabalíes, me pregunto: "¿dónde están los lobos?", porque los lobos se merendarían a los jabalíes y, población controlada. Sin depredadores, la cadena se escacharra.

Después de la comilona, es difícil ver a los lobos. Se buscan un buen lugar para descansar y hacer la digestión. Eso sí, estoy segura de que no pierden detalle de todo lo que sucede a su alrededor.
A veces, no había manera de verlos, tampoco de oirlos, y sin embargo, los podía sentir. Sentía que estaban ahí, que sabían que yo, estaba también ahí, y que ocultos en algún lugar, tras los árboles o la maleza, sus hermosos ojos me miraban fijamente sin perder detalle de todos mis movimientos. Era inevitable sentirme observada, y curiosamente, me encantaba esa sensación.

Douro era el primero en comer, y procurábamos ir sólo una persona o dos hasta su instalación para evitar que se estresara. Es el más viejecito de todos los lobos del centro, ¡tiene quince años!, eso son muchos años para un lobo, teniendo en cuenta que en libertad suelen vivir entre siete y nueve.
Está sordo y ciego, es muy mayor, y su movilidad es reducida. Se adivina tan sólo con una rápida mirada, que fue un lobo impresionante.
Si soy sincera, la presencia de Douro me hacía sentir especialmente vulnerable. Me producía mucha ternura y evitaba acercarme a su instalación por esta razón, y también porque no quería que se sintiera amenazado al presentir la presencia de una desconocida cerca de él.

viernes, 10 de septiembre de 2010

SABOR.


Cuando decidimos ir a trabajar con el grupo lobo, tuve que escuchar todo tipo de comentarios sobre los lobos, comentarios como: "son muy malos", "esos bichos no conocen a nadie"...creo que en el mundo no hay un animal del que se haya hablado tanto. Los lobos no dejan indiferente a nadie, se han escrito ríos de tinta sobre ellos, cuando en realidad, son unos auténticos desconocidos.
El mito del lobo ha ido tomando forma en nuestra imaginación, alimentado por todos esos cuentos infantiles que nos han leído de niños: "Caperucita Roja", "Los Tres cerditos", "Los siete cabritillos" o "Pedro y el lobo".

Henrique nos comunicó que la próxima tarea consistía en entrar en las instalaciones de Sabor para cargar un par de tractores de broza que otros voluntarios habían amontonado durante la mañana. Eso significaba que teníamos que entrar en el territorio de un lobo, y nos recalcó que si nos preocupaba o sentíamos miedo, mejor no entráramos, al fin y al cabo, eramos voluntarios.

Ninguno se echó atrás, ¿miedo?, a mí me dan miedo otras cosas bien distintas. A los lobos les respeto, pero no les temo. En ningún momento, sentí que estuviera en peligro, al revés, estaba tan cómoda dentro, como fuera, y no me hubiera importado nada que Sabor hubiera hecho acto de presencia. Pero no quiso, porque Sabor nos temía más de lo que nosotros le temíamos a él, eso es un resquicio de la mala experiencia que tuvo en su día con los de mi especie, ¿quién es el lobo feroz?.
En las primeras etapas de la vida del hombre sobre el planeta, el lobo no tenía la fama atroz de la actualidad, pero con la llegada del neolítico empezaron las actividades agrícolas y el pastoreo, así que el hombre cazador y recolector se convirtió en un recuerdo. De este modo, el ser humano comenzó a desforestar para conseguir terrenos actos para el cultivo, y empezó un enfrentamiento con el lobo cuando éste pretendía colonizar sus antiguos territorios.
Decía Félix: "Hasta ahora, los hombres me habían contado una sarta de falsedades. En cambio, cuanto los lobos me han dicho, es una verdad inconmovible. El lobo cruel, es un protector incondicional de los débiles; el lobo traicionero, es capaz de morir por fidelidad; el lobo asesino, es un cazador que mata para comer pero detesta la violencia".

Los lobos en estado salvaje son esquivos y muy difíciles de observar. En realidad, los casos probados del ataque de un lobo salvaje sano, son casi inexistentes, y dicen las estadísticas que es más probable morir electrocutado que ser atacado por un animal salvaje, y más concretamente, por un lobo.

Si yo fuera loba, Sabor sería mi lobo, sin duda alguna. Tiene una mirada profunda, intensa, de esas que te traspasan, como cuando te enamoras por primera vez y un par de ojos hacen que te tiemblen las piernas. ¿Es guapo o no?, ¿qué me decís?.
Curiosamente, tienen mala vista si se compara con la agudeza de sus otros sentidos. Por ejemplo, pueden oir una manada rival a 16 kilómetros de distancia en espacios abiertos. Su sentido del olfato también está muy desarrollado.
Sabor, es un lobo español, y nació en libertad en el año 2003. Algún insensato lo capturó de forma ilegal, y no recibió el mejor de los tratos.
Es una pena que no pueda volver a ser libre, pero la jerarquía de una manada funciona de un modo muy concreto que ya os explicaré, y la transmisión de información y de cultura es continua. Alguien arrancó a Sabor de su mundo, y ahora, está condenando a vivir en una cárcel, por grande que sea la celda y por cuidado y mimado que esté.

"Los indios cazadores, solían dar con alces y bisontes siguiendo a los lobos, que, dotados de un agudo sentido del olfato y del oído, detectaban a la presa mucho antes que los humanos. Los indios siempre les cedían parte de la carne en gratitud por su ayuda".
Existió una alianza entre lobos y hombres, pero los hombres olvidaron como los lobos les habían ayudado a sobrevivir durante el Paleolítico, y al llegar al Neolítico, rompieron el pacto. Los lobos no entendían porqué los hombres no corrían a su lado tras las presas, yo creo que todavía no comprenden nada, lo mismo que el hombre olvidó muy pronto aquello de que: "De bien nacido, es ser agradecido".