
Hay lugares que no te llaman nada la atención, y sin embargo, alguna fuerza cósmica, alguna extraña energía lanzada por el universo, hace que un buen día dejes que la corriente te arrastre hasta el destino que tienes escrito en las líneas de la vida, o vete tú a saber donde. El caso es que vas, llegas, y descubres al momento, o quizás con el tiempo, porqué la fuerza del universo te llevó hasta aquel rincón del mundo que tenías desterrado del pensamiento y de la emoción.

Los lugares te llaman, te esperan, te llegan, y cuando pasas por ellos, te cambian, te completan un poco más, porque te llevas nuevas imágenes, nuevos recuerdos, nuevas experiencias, nuevas personas...también nuevo hermanos del alma, como los lobos, compañeros del planeta, como tantos otros, a quienes ignoramos, menospreciamos, olvidamos, sin darnos cuenta de que son imprescindibles y de que el ciclo de la vida, no sería tal, sin ellos.

En la foto, podeis ver a "Botones", es tan sólo un trozo de lana unida formando en su conjunto un muñeco especialmente extraño que acompaña a Chris en todos sus viajes y es el protagonista de sus fotos. Pues bien, "Botones", nos acompañó a Lisboa y terminó acaparando la atención de todos los que nos rodeaban, porque a veces la magia se esconde en las pequeñas cosas, y si nos las perdemos, estamos dejando que se resbale la felicidad de nuestras manos. Un muñeco de trapo es tan sólo un muñeco, ¿o es algo más?, puede que para la persona que lo posee signifique un mundo, porque despierta su sonrisa, porque se lo hizo alguien querido poniendo en cada punto unido todo el amor para hacérselo llegar a su destinatario, y eso se siente, ese cariño está tejido, unido, cosido, con tanto mimo, que le llega esa fuerza al dueño del mismo, de este modo, un muñeco deja de ser un muñeco para convertirse en una de esas pequeñas cosas que esconden la felicidad, y que si no las vemos, ni las apreciamos, se escapan a raudales de nuestra alma.

Lisboa no llamaba nada mi atención, sin embargo, estoy deseando volver. Es una ciudad de contrastes, de colores, de música en las calles, romántica, de esas en que una desea perderse un tiempecito para olvidarse de todo, antes de regresar de nuevo a la rutina. En Lisboa, la vida se hace más hermosa, las ganas de vivir se incrementan, es difícil envolverse de sus edificios y no impregnarse, una vez llegas, ya nunca olvidas sus callejuelas, ni la ropa colgada al sol bajo las ventanas, ni los fados que te embargaron el sentimiento, apoderándose sin permiso de las sensaciones.

Esta mujer entrañable de la foto, consiguió, sin darse cuenta, que se me pusiera un nudo en la garganta y mis ojos se humedecieran. Me hubiera gustado que pudierais haberla visto hablar con las palomas, les decía cosas que sonaban hermosas e importantes, poniendo todo el amor en cada palabra. Con un cariño que se desbordaba, las acariciaba agradecida porque llenaban por completo su soledad, ausentándola. Les respondía con mimo, con dulzura, como si en sus manos tuviera algo muy frágil y valioso,porque quizás en su mundo, todo el mundo sean ellas.

Los tranvías ayudan a que todo sea distinto, aportan su chispita de luz, de hecho se convierten en el centro de atención de muchas cámaras de fotos. Es inevitable, porque Lisboa va asociada a los raíles que cruzan la ciudad arrastrando a cientos de almas que miran con curiosidad a través de las ventanas el discurrir de la vida de otras tantas que caminan, algunas sin rumbo fijo, algunas perdidas, otras estresadas, otras seguras de sí mismas. Vidas que se cruzan una vez, fugaces como las estrellas. Te miran sin verte, prosiguen y te olvidan, porque no les importas, porque no te saben ni te conocen, porque es imposible recordar todos los rostros y todos los ojos.

De Olmo y Aura no hay foto, en dos semanas de estancia en el centro ¡no pude verlos!. Cecile me contó un día que los había visto, y yo solía escapar en cuanto tenía un minuto para acercarme a sus instalaciones a husmear entre los alcornoques, a ver si encontraba un atisbo de ellos. Estoy segura de que ellos me observaban, porque controlan todo lo que les rodea, me olían, me veían, me sentían y me escuchaban, pero los lobos son esquivos, instintivamente no se fian de nosotros, y bien que hacen, así que, Olmo y Aura no quisieron que les viera y hay que respetar que no se puede gustar a todo el mundo, ¿no os parece?.

Olmo nació en el año 2000 en el centro y Aura en 1996, ahora son pareja. Aura es la madre de Faia y Soajo. Su anterior pareja era Zimbro. Un poco culebrón todo esto, pero no os penseis. Los lobos son fieles a sus parejas. Por ejemplo, entre la pareja alfa de una manada, el vínculo es realmente poderoso y por regla general, permanecen juntos el resto de sus vidas. Eso sí, si uno de los dos muere es muy probable que busquen sustituto/a.
Las tribus Lakota respetaban al lobo, y admiraban su lealtad hacía su pareja y su familia, así que antes de ir a cazar, se pintaban la cara de rojo para imitarles en el momento del festín.

Y termino ya el tostón con Félix y sus frases célebres que no tienen desperdicio:
"Yo creo que el alma, el espíritu de todos los seres humanos, forma un tejido poderoso que envuelve todo el planeta, y que alguna manera es el que pervive. Yo creo que quien aporta más a esa alma colectiva, a ese acerbo colectivo, a ese ser vivo palpitante y palpable que es el ente de la cultura viviente universal, de alguna manera pervive, y de alguna manera, obtiene un billete para la eternidad”.










































