sábado, 11 de junio de 2011

BUITREMAN.


El Mas de Bunyol está ubicado en Valderobres(Teruel).
Sonó el despertador y saltamos de la cama como si fueramos niños la mañana que han pasado los Reyes Magos. No nos pesaba ni el sueño, ni las legañas.
Con la mirada aún borrosa, fui directa a la ventana y a través del cristal pude ver a los buitres tomando posiciones, perfectamente conocedores de que se acercaba la hora de desayunar.

Estábamos con Loly en el observatorio, esperando ver el espectáculo, cuando vimos que los buitres empezaban a alborotarse, y supimos que por el camino subía José Ramón con su coche, que debieron de verlo a kilómetros de distancia. Inmediatamente se aceleró el mecanismo y lo que sucedió a continuación aún me tiene impresionada.

El cielo se llenó de sombras, pequeñas manchas negras allá en lo alto lo dibujaban e iban tomando forma en cada círculo que hacían. Conforme se acercaban al suelo, se identificaba sin ninguna duda, inconfundibles los "dedos" que parecen tener al final de sus alas, las manchas marrones y negras que colorean su plumaje, el cuello largo, la cabeza pequeña, la silueta majestuosa de los buitres leonados.

Cientos, miles, no sé cuantos podían haber, pero salían de todos los rincones, haciendo redondeles y descendiendo un poco más con cada uno de ellos. Extendían sus patas, exhibían sus garras y con toda precisión aterrizaban en el lugar elegido. Algunos, en las copas de los árboles, otros en los riscos, y el resto en suelo firme.

Sobre las 9:30 se abrió la puerta y entró José Ramón con su carretilla repleta de comida, los restos del matadero. Parecía muy pequeño entre los buitres, muy valiente, muy seguro, después de la cantidad de años que lleva a sus espaldas haciendo este trabajo, que es también su pasión. Podeis verlo arriba, volcando la carretilla roja. Los buitres le rodeaban, le perseguían. Le sobrepasaban las rodillas en altura. De como su vida terminó en este lugar, mejor os lo cuenta él si os animais a visitarlo, es muy interesante, y como los buitres, él también ha dado muchos giros hasta encontrar su lugar.

Nos quedamos embelesados viéndolos disfrutar del festín. Entre los buitres, una pareja de alimoches emprendieron el vuelo para iniciar una batalla disputándose el terreno. Al final, parecieron darse cuenta de que mientras peleaban, otros daban buena cuenta de los restos de comida, por lo que, sabiamente decidieron aterrizar en extremos opuestos y allá paz y acá gloria.
Fue maravilloso verles enmedio del festín, persiguiéndose unos a otros cuando algún avispado se abría paso con el pico repleto de carne. Un enredo de plumas, cabezas, aleteos, saltitos, en busca del mejor bocado, que arrebataban al vecino si era necesario.
Todo sucedió con rapidez, y tras el desayuno, los había que aprovechaban para darse un baño, se adentraban en la charca, lentamente, sin prisa, tomándose su tiempo hasta que decidían sumergir la cabeza, revolcarse, para después salir y extender sus alas abiertas de par en par a secarse al sol. Algunos iban más allá y se tumbaban con todo el cuerpo sobre la tierra, en un estado de relajación absoluto.
En resumen, las palabras a veces no hacen honor, creo que este es uno de esos casos. Hay que ir, verlo, disfrutarlo en directo, es un espectáculo increíble, de una belleza indescriptible.

viernes, 10 de junio de 2011

EL MAS DE BUNYOL.


Al fondo, en la imagen, tras de mi, en la montaña, podeis ver un puntito blanco, el tejado de una casa, ese es el Mas de Buñol. Ubicado en un lugar privilegiado y muy especial. No sólo es una casa enmedio del monte, es mucho más, es un observatorio de aves y, en concreto, es una reserva de buitres, así es que nos consideramos muy privilegiados por haber podido pasar en este lugar unos días.

José Ramón y Loly nos recibieron con los brazos abiertos e inmediatamente nos hicieron sentir como en casa. El final del camino te lleva directamente al comedero, por lo que hay que meterse por un sendero "secreto" para llegar a la vivienda. A mí, me chifló, me pareció toda una aventura, porque para acceder al interior había que atravesar un pequeño túnel, exactamente igual que en la casa de "David el Gnomo", parecía una réplica.
La ventana se convirtió en mi televisión. Emitía un precioso documental en directo, mientras que yo, tumbada en la cama, me quedaba obnubilada viéndolos pasar por la pantalla, estaban por todas partes...

La montaña estaba repleta de pinos y riscos, arriba del todo, a bastante altura porque a simple vista no se percibia, tuvimos la suerte de localizar la silueta de dos cabras montesas, con el telescopio, las pudimos ver completamente relajadas, masticando, caminando con una seguridad aplastante junto al borde del abismo.

En cuanto a los buitres, no los veías a simple vista porque había momentos en que no volaban sobre nuestras cabezas, sin embargo, sentías que te observaban, que estaban ahí, y si agudizabas el sentido de la vista, podíamos verlos posados sobre las ramas secas, allá en lo más alto de la montaña. Llegué a contar hasta 16 ejemplares compartiendo el mismo árbol.
De repente, uno de ellos elevó el vuelo y comenzó un baile de extraodinaria belleza. Giraban y giraban, lentamente, allá en lo alto, surcando el viento, planeando el cielo. Tras este pionero, se apuntó un compañero a participar en esta danza majestuosa, a extender las alas, a flotar entre las nubes, y cuando nos dimos cuenta, salieron de sus escondites varios a la vez, mientras que nosotros no dábamos abasto mirando en todas las direcciones.

Volaban en círculos, sobre nuestras cabezas, controlándolo todo, esperando quizás encontrar, un aperitivo, o simplemente disfrutando de la libertad.
Planeaban sin prisa, con sus enormes y anchas alas extendidas, y en su planeo, se hicieron los dueños de ese trozo de cielo.
Esto era sólo el principio, lo mejor estaba por venir...

jueves, 9 de junio de 2011

NUESTRAS VIDAS SON LOS RÍOS...


Empiezo el post con las "Coplas a la muerte de su padre", de Jorge Manrique. La copla tres me tocó en suerte en mis tiempos de instituto, me la sé de memoria, probablemente no fuera casualidad que me tocara a mi, el caso es que cuando me siento junto a un río, empiezo a recitar mentalmente esta copla, de ahí el título del post.

Muchos me han preguntado por el contenido del paquete que le preparé a Pedro por su cumpleaños. El paquete contenía cosas materiales y un sobre con un destino muy especial, ya os lo iré contando, así que, estos días, he andando cargándome el alma de nuevas experiencias, que es lo que me traigo cada vez que viajo, cosas que no se ven ni caben en la maleta.

El espíritu que nos impregna a todos, avanza en su camino trayendo en su crecimiento, nuevas oportunidades.
Me senté junto al río Matarraña, cuya agua caía con fuerza por un desnivel. Embriagada por la música que lanzaba al viento una pequeña cascada, absorta mi mirada en la espuma blanca, en las burbujas, en el fondo de las aguas cristalinas, me dediqué a la contemplación, a vivir con intensidad el presente que latía con fuerza, con vitalidad, recordándome lo que soy, gracias a lo que fui.

El croar de una rana que permanecía escondida de mi mirada, llamó mi atención, porque estaba allí, perdida entre los juncos, quizás sentada plácidamente sobre alguna hoja que soportaba su peso.
Busqué la presencia de las nutrias que, esquivas, salen a pasear y a chapotear, probablemente, cuando saben que no van a verse sorprendidas por la desagradable presencia de una humana como yo.

Sentada junto al río, vi correr el agua, moldeando con su caudal las piedras como los maestros canteros hacían antaño con rudimentarias herramientas. Me sentí parte del todo, pero al mismo tiempo, caía en la contradicción de que quizás estorbara mi silueta en ese paisaje, quizás lo menos natural que hubiera en ese entorno y en ese momento, fuera yo. Sin embargo, en la esencia sé que pertenezco a la madre naturaleza, en cuerpo, en alma, en el corazón.
El río corría, avanzaba por su cauce, sin prisa, sin pausa, mientras que yo, sentada junto a su orilla, observaba, aprendía, entendía que, como él, no puedo detenerme, tengo que crear mi propia senda, dejarme fluir, abrir la puerta a las oportunidades, continuar, continuar, continuar...hasta llegar al mar.

sábado, 4 de junio de 2011

TT, TE VEO.


¡FELICIDADES TT!

Hoy estamos todos de celebración porque es el cumple de Pedro, ¡mi segundo día preferido!, y es que disfruto montándole sorpresas, ¿qué será lo que esconde el regalito?...
El secreto sólo lo conoce Colás, que también está de celebración y sabe guardarlos de maravilla...

jueves, 2 de junio de 2011

35.


Eso que buscamos constantemente fuera, en el mundo exterior, no existe. Eso que buscamos fuera nació con nosotros, está en nuestro interior.
Es mi día preferido, porque es mi día.
Pediré un deseo, aunque necesite dos.
Hoy empieza mi año.

miércoles, 1 de junio de 2011

PASAJERA AL TREN.


Cuando hay un desvio en el rumbo que tenías pensado seguir, tienes que aventurarte, obligatoriamente, y adentrarte en un nuevo camino. Andas a ciegas, te sientes perdida, y aún así, avanzas, porque la marcha atrás es inviable, y si hay una salida, esa está delante de ti, aunque no puedas verla todavía. Así que, caminas, lenta e insegura, pero tanteas el terreno con los pies y después, tras la duda, pisas con fuerza, dando un paso que es todo un mundo porque es el que rompe el bloqueo. Así es como decía Antonio Machado, caminante, no hay camino, se hace camino al andar. No puedo explicarlo mejor.

Esta senda es nueva para mi. No hay señales, ni mapas, es terreno inexplorado, desconocido y soy la aventurera que se adentra en el mismo esperando encontrar al final la imagen completa, lo que busco, lo que necesito, la luz de mi faro. Asusta un poco,la verdad, pero te ayuda a crecer.
Tengo un billete de tren en mis manos, es un tren único y sólo pasa una vez en la vida. De nuevo, se cumple eso de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Otra vez, donde dije digo, digo Diego. He bebido del agua que aventuré que no iba a beber, y se me ofrece la oportunidad de recibir la enseñanza de una lección que aprender y que, ahora, se encuentra entre mis manos. Este billete de tren, de ida, sin vuelta, me da la oportunidad de subir y vencer mis miedos, afrontar el reto, arriesgar, ganar o perder, sin segundas oportunidades. Subirme en uno de sus vagones no es garantía de nada, es casi como una lotería, un milagro. Me dejará en suspensión, probablemente, me retará de nuevo el destino para medir mis fuerzas y mi resistencia. Si subo, puedo llegar a la meta, pero si no lo hago, es seguro que habré descarrilado, estaré en una vía muerta.
Así que, tras sentir que el techo se derrumbaba sobre mi cabeza, me levanto y sigo la senda en busca del paisaje con el que sueño encontrarme, y lo que sea, sonará...

martes, 31 de mayo de 2011

MUDANDO.


Me hacía falta la mirada borrosa a través de un cristal mojado. También necesitaba el sonido armonioso de las gotas de lluvia haciendo música, llamando a la ventana por si son bien recibidas, invitándome a salir. Necesitaba empezar a respirar de nuevo, pasear bajo el agua, que limpia y purifica, que caía sobre mí mientras me empleaba a fondo por soltar todo lo que me hiere, lo que no me sirve, lo que no acepto.
Me dejé llevar por una corriente, por un balanceo. Me dejé golpear por la vida misma, para que, de ese modo brusco, abriera mis ojos a la realidad. Dejé que el agua arrastrara todos los sedimentos que se aferran a esa parte de mí que no se ve. Llovía sobre mojado mientras mis pasos se perdían chapoteando en los pequeños charcos.

Salí cuando las nubes lloraban porque hacían juego con mis sentimientos. Caminé por las calles vacías de un pueblo que asomaba su mirada tras las cortinas, con curiosidad por la fuerza con la que el agua golpeaba el suelo, también por esa pareja de "forasteros" que funcionan al revés del mundo, que buscan los pájaros nocturnos, que se pasean con las bicis por el bosque y recogen lo que otros tiran a la orilla de un río herido. Salí, cogida de la mano de una de mis personas preferidas, aferrada con fuerza a mi pilar, el que me sostiene cuando no sé muy bien donde apoyarme sin que los cimientos cedan.
Fue un trayecto corto, con la sensación de mudanza acompañándome. Renovando mi piel como las serpientes, abandonando a su suerte todas las ataduras que iban ocupando demasiado espacio en la mochila. Mientras, el agua daba un repaso a lo que ya no me sirve para llevárselo decididamente, arrastrándolo hasta los barrotes oxidados de una alcantarilla para quitarlo de mi vista, descargando así el alma, que había dejado de ser volátil, que pesaba tanto como una losa, que aunque magullada, por fin, vuelve a ser libre.