Querido Ramón:
En la vida hay personas que conoces y se quedan, porque conocerlas es sinónimo de quererlas, y en tu caso era algo irremediable, tenía que ser así, ha sido una suerte encontrarte en el camino, por eso no te diré hasta siempre.
No te diré hasta siempre, porque no quiero, porque me niego, porque te quedas en mi corazón, en mis recuerdos, en las cartas que me escribiste, en los mensajes que me enviaste, en las fotos que nos hicimos, en los momentos que compartimos.
Hoy, soy yo la que te escribo, como tu me dijistes una vez mientras escuchabas esta canción, "con el corazon lleno de amor y cariño", el mismo que te tengo, y te tendré, porque hay cosas que nunca cambian, pase lo que pase.
Hoy, se ha parado el mundo, ha habido un antes y un después. He querido ser la dueña del tiempo y atrasar las horas, no ha podido ser, pero no te diré hasta siempre.
Hoy, siento el vacío, el universo que me aplasta, el dolor que lo inunda todo, desgarrador, exactamente así, y sé que no te gustará, pero es irremediable. No te enfades conmigo si me estás viendo llorar por ti, no me lo tengas en cuenta, volveré a brillar como sé que a ti te gusta, volveré a sonreirle a la vida, aunque no la perdone por haberte llevado tan pronto, tan de golpe y porrazo.
De repente, todo tú estás aquí, tu sonrisa, tu voz, tu bondad infinita, porque aunque sea un tópico, he de decir que pocas personas me he encontrado tan buenas en el camino. Eres de los grandes, eres un gigante, eres auténtico, generoso, agradecido, eres la entrega, la pasión, eres un padrazo, un caballero de los de antes, de los pies a la cabeza, eres, como yo suelo decir cuando hablo de ti, un corazón con dos piernas, eres y serás, porque lo que se es, permanece.
Hoy, me alegro de todos los "te quiero" que te enviamos, de todos los "te quiero" que recibimos. Me alegro de aquella parada en la carretera, intensa, divertida. No pasamos de largo, no, y sé que tú tampoco lo hubieras hecho, eso tenía un significado para ti, un sentido profundo, lo sabias, lo sabíamos.
Me alegra haber sido tu confidente.
Hoy, esta "pareja perfecta" como nos llamabas, te necesita más que nunca, porque sin ti, la perfección deja de serlo.
Te acabas de marchar y ¡te estoy echando tanto de menos!.
Hoy te escribo, Ramón, para darte las gracias por todo, pero, sobre todo, por quererme como soy, sin pretender cambiar ni un ápice de mí, sin condiciones.
Al final, ¿quién nos lo iba a decir?, soy yo ahora quien ve la cortina de humo, quien tiene la mirada completamente borrosa.
Un día me dijiste que eras el único en el mundo que podía experimentar la existencia de dos estrellas de Oriente iluminando tu camino. Ahora, sé tú nuestra estrella, si puedes brillar, hazlo, desde el cielo, para que te veamos y sepamos que estás aquí, pero de otro modo.
Tu "dulce campanilla" no te dirá hasta siempre, no. Peter Pan siempre decía por siempre jamás, así que eso mismo te digo yo.
¡Te quiero, Geyper!, ¡te queremos!, estés donde estés la "dulce Campanilla" y su Pedro, te tienen bien presente, aunque pasen mil años.
No te diré hasta siempre, AMIGO, mejor un hasta luego, sea cuando sea.
Tu dulce Campanilla.